LA MADRE (Relato de Samir Dabian Guerra y entrevista al autor)

POR SAMIR DABIAN GUERRA

La mujer huía a través del bosque en plena noche. Solo vestía un camisón que no ocultaba la prominente barriga. Una rama surgió y se enganchó en la tela, haciéndola caer de espaldas sobre la pútrida hojarasca. No podía permitirse perder el tiempo en recuperar el aliento. Trató de incorporarse, pero un dolor punzante en el vientre la dobló. Las lágrimas corrían por su cara mientras se acariciaba el vientre. El dolor remitió al fin y pudo ponerse en pie. Agudizó el oído buscando a sus perseguidores. Solo escuchó el aullido del viento y el entrechocar de las ramas, pero sabía que estaban allí, no cejarían en su búsqueda. Reanudó su marcha.


—¿Pero adónde nos estás llevando, Peter? ¿Al culo del mundo? —preguntó Sam.

—¿No queríais intimidad? —respondió mientras sujetaba con una mano el volante y se metía un puñado de maíz frito con la otra.

Sam miró a las dos mujeres que ocupaban los asientos traseros.

—Intimidad con Beth. No contigo, capullo.

Peter dirigió el espejo retrovisor para comprobar cómo Lidia y Beth estaban recostadas una sobre otra, roncando levemente. Puso sus ojos de nuevo en la carretera, llamada así por darle lustre a lo que era un camino asfaltado hacía siglos. Sam tenía razón, la cabaña debía estar en el culo del mundo.

—Lo siento —dijo—. Me dijeron que era un lugar romántico, una cabaña cerca de un lago sin nadie alrededor que te pueda molestar.

—Seguro que nadie nos molesta… ni escuchará nuestros gritos —rompió a reír—. Mira esta carretera de mierda, si parece que en cualquier momento vaya a salir la chica de la curva.

—No jodas —sonrió Peter.

En ese momento una figura fantasmal vestida de blanco salió de un matorral y se colocó en medio de la calzada. Peter clavó los frenos y dio un volantazo. Se escuchó un golpe sordo.


Lo primero que vio la mujer cuando abrió los ojos fue cuatro figuras con un halo de luz cegadora.

Al instante pensó que le habían alcanzado. Comenzó a gritar y a sacudirse para zafarse de sus captores.

—¡Tranquila, tranquila! —dijo una voz masculina, mientras la sujetaba más fuerte.

—Apaga el flexo, la estás asustando —solicitó otra voz, esta de una mujer.

El halo de luz desapareció, haciendo visible cuatro rostros, dos hombres y dos mujeres que no superaban la treintena, y que la miraban exudando preocupación.

—¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?

—Mi nombre es Peter. Esta es mi novia, Lidia, y ellos son Sam y Beth. Apareciste de improviso en la carretera.

—¡Casi te llevamos por delante! —dijo Sam. Beth le dio un codazo y le hizo callar.

La mujer se sentó de golpe en el sofá y se agarró el vientre hinchado.

—¡Mi bebé!

Lidia se acercó y le acarició el cabello sucio y grasiento.

—El coche solo te rozó. Te desmayaste, pero parece que tú y tu bebé estáis bien. Incluso se ha movido mientras dormías. ¡Tiene mucha fuerza!

Beth se arrodilló junto a su amiga.

—Confía en Lidia. Es enfermera y sabe de lo que habla. —La joven, porque no debía de tener más de veinte años, se volvió a tumbar, más relajada—. ¿Cómo te llamas?

—Mary.

—¿De cuánto estás, Mary? —preguntó Lidia.

La chica les miró confundida.

—No sé. El tiempo pasa de forma distinta en la Casa. —Al ver las expresiones de sus anfitriones, se trató de explicar. Cuanto más tiempo pasaba lejos de Ellos, mejor podía pensar—. Ellos me secuestraron…

—¡Qué dices! —interrumpió Sam. Tras otro codazo volvió a enmudecer.

Mary continuó:

—Me secuestraron cuando salía del instituto y me llevaron a la Casa. Está en la mitad del bosque, aislada de la civilización. Allí Ellos viven según las antiguas costumbres.

—¿Amish? —pregunto está vez Peter.

Mary negó con la cabeza.

—Mucho más antiguas. Pasé mucho tiempo con ellos. Vi cómo sacrificaban a muchas chicas como yo que habían secuestrado por todo el país. Pensé que iban a hacer lo mismo conmigo. Pero, no. Querían otra cosa de mí.

—¿Querían un bebé? —aventuró Beth al ver el gesto que hacía la joven.

—Sí. No recuerdo haber mantenido… sexo con alguien. Pero me quedé embarazada. No me dijeron gran cosa, pero creo que querían a mi bebé para algún ritual. Pude huir y atravesar el bosque hasta la carretera. Ellos me perseguían, pero ahora estoy a salvo en la ciudad.

Los cuatro amigos se miraron un instante.

—Cariño, no estás en la ciudad —dijo Lidia—. Estás en una cabaña. Estaba más cerca, y no nos atrevimos a viajar sin que pudiera examinarte.

Se incorporó con la carta transformada por el terror.

—Pero ¡Ellos me encontrarán!

En ese momento un aullido que parecía provenir del infierno rompió el silencio de la noche

—Ya están aquí —tartamudeó Mary.

Sam fue hacia la ventana y, tras echar un vistazo, regresó sobre sus pasos con el rostro desdibujado.

—Hay gente fuera con túnicas blancas y antorchas.

—Son Ellos —sollozó Mary—. Quieren a mi bebé.

Peter corroboró las palabras de su amigo. Los intrusos formaban una hilera que parecía rodear la casa, aunque se mantenían al borde del bosque.

Lidia cogió el teléfono móvil y comprobó que no había señal, ninguno la tenía.

—Voy a ver qué diablos quieren —dijo Peter con más miedo que valentía en su voz.

Cuando abrió la puerta y se dispuso a salir al exterior, una mano le agarró y le volvió a meter dentro de la cabaña. Sam se situó en la entrada bloqueando el camino.

—¿Estás loco? —gritó—. No has visto suficientes películas de terror para ver que eso es una mala…

Sam cayó de bruces al suelo y comenzó a ser arrastrado al exterior.

—¡Ayudadme! ¡Algo me ha agarrado de la pierna!

Peter le cogió de la mano y tiró de él. Quien fuese que tenía a Sam cogido era muy fuerte y comenzó a deslizarse hacia la negrura. Lidia y Beth acudieron en su auxilio y cogieron el otro brazo de Sam, que miró de soslayo hacia atrás y comenzó a aullar como un loco.

Los tres juntos tiraron de su amigo y consiguieron meterlo en el interior de la cabaña. La pierna del muchacho estaba hecha jirones a la altura del muslo, no quedando nada de la rodilla para abajo. La sangre fluía a borbotones esparciéndose por las tablas del piso. Mientras Lidia trataba de hacer un torniquete al herido, Sam y Beth desplazaron un aparador para bloquear la puerta. Mary contemplaba la escena, catatónica.

La sangre seguía manando, pero con menos intensidad. No tenían tiempo que perder. No podían cubrir todas las ventanas de la cabaña, así que determinaron atrincherarse en el salón. Bloquearon los dos ventanales de la habitación con un par de estanterías y los cinco se pusieron en una esquina, armados solo con trozos de vajilla, ya que no se atrevían a ir a la cocina para armarse más apropiadamente.

Lo que había causado las terribles heridas a Sam, que descansaba inconsciente en el suelo, comenzó a tratar de abrirse paso a través de puertas y ventanas. Los tres amigos restantes contuvieron los embistes de la bestia con todas sus fuerzas. Los muebles que habían utilizado para bloquear las entradas eran sacudidos como si fuesen papel en lugar de sólida madera.

De improviso el asalto cesó.

—Dios mío. Mi bebé… —sollozó Mary.

La muchacha se había puesto de parto. Lidia acudió a su lado, mientras Beth se acurrucaba junto a su novio. Sam estaba lívido, había perdido mucha sangre, demasiada.

Se escuchó un coro de voces en el exterior. Peter se aproximó a una de las ventanas. La madera de la estantería que bloqueaba la entrada estaba astillada, por lo que pudo echar un vistazo al exterior por una de las rendijas. Los miembros de la secta que habían secuestrado a Mery se habían aproximado a la cabaña y estaban enarbolando unos cánticos en un idioma desconocido.

—¡Qué diablos queréis! —les gritó, desesperado.

Los cánticos cesaron y respondieron al unísono:

—A nuestro hijo. A nuestro padre. A nuestro Dios.

Y los cantos volvieron a salir de sus bocas.

Peter se giró y musitó: «Están como una puta cabra».

—Beth, por favor. Ven a ayudarme —solicitó Lidia que tenía a Mary con las piernas abiertas en un rincón—. No puedo hacer esto sola.

Beth miró a Sam y después a Peter. Este le indicó que fuera, él se ocuparía de su amigo. Al acercarse a él, comprobó que la vida se le había escapado por la herida hacía ya tiempo. Aún así, le cogió de la mano, como si todavía pudiera acompañarle en su último viaje.

Mary gritaba cada vez más fuerte. Las contracciones parecían que la iban a romper en dos.

—¡Vamos, que ya falta poco! Empuja.

Mary empujó y tanto Lidia como Beth soltaron un grito ahogado. Peter se volvió para ver como un líquido negro y espeso salía de entre las piernas de la parturienta.

Algo estalló en el interior de Mary y el líquido salpicó a las chicas, que comenzaron a retroceder asustadas. La cabeza de la madre cayó hacia atrás con los ojos fuera de las órbitas, mientras que el hijo se abría paso hacia el exterior, rasgando carne, rompiendo los huesos de las caderas en su camino. Beth trató de apartarse cuando un apéndice tentacular salió de entre las piernas de Mary y la atravesó el pecho. Lidia fue más rápida y evitó acabar ensartada como su amiga. Peter y ella corrieron hasta la esquina contraria, mientras veían como el ser que había crecido dentro de la joven la partía en dos para salir. No salió grito alguno de sus bocas, ya que el terror puro ocupaba sus gargantas.

El hijo, el padre, el Dios, se irguió ante ellos en toda su abyecta y blasfema forma. Era un recién nacido, y tenía hambre.

En el exterior, los Hijos de Azathoth sonrieron.


Un relato de Samir Dabian Guerra para el Grupo LLEC. Todos los derechos reservados por el autor.

Relato ganador del Reto HaLLECween 2021. #retohallecween2021

Ilustración de Robert Wilinski: robw.artstation.com

ENTREVISTA A SAMIR DABIAN GUERRA, POR SALVADOR ALBA Y DAVID LORÉN BIELSA

—Cuéntanos algo de ti, ¿quién es Samir Dabian Guerra?

Una persona con mucho mundo interior, que a veces saca en forma de novela o relatos.

—¿Aficiones, aparte de escribir?

Soy un friki en toda regla. Desde bien pequeño he estado enganchado a la lectura, leía todo lo que compraba mi madre (la lectora de la casa) hasta que ya pude comprar yo. Además, soy un gran amante del cine, sobre todo de ciencia ficción, fantasía y terror. También he sido aficionado a los cómics (cuando mi bolsillo lo permitía) y al rol (cuando mis amistades lo permitían). Entre libros, películas y que me encanta viajar (aunque le tengo pánico al avión), ya podéis imaginar la de gastos que tengo.

—Has publicado dos novelas, junto a otro autor (Rafael Muñoz Molina). Háblanos de la bilogía LO QUE ACECHA.

Comenzó como un juego. Rafael ya había escrito varios libros protagonizados por un policía llamado Perteguer, por lo que ya tenía suficiente experiencia. Nos propusimos hacer una historia policíaca de terror que homenajease a Lovecraft… Y se nos fue de las manos. Lo que era un juego se transformó en dos novelas con más de 900 páginas entre las dos.

—¿Qué supone escribir a cuatro manos?

Un desafío y un jaleo. En un principio diseñamos el libro (porque iba a ser solo uno) como una historia relatada por dos personajes, cada uno de ellos escrito por uno de nosotros. Yo tomaría las riendas de Montero, el policía, mientras que Rafa llevaría la voz de Xoel, el mercenario. De esa forma podíamos tener dos estilos completamente distintos. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que a uno de nosotros se nos ocurría llevarle por unos derroteros que el otro no había previsto, y nos obligaba a improvisar sobre la marcha; además de tener que hacer modificaciones en lo ya escrito para que todo tuviese coherencia. Por eso cuando alguien me dice que todo acaba casando y no hemos dejado tramas narrativas sin resolver o problemas de coherencia y continuidad, me parece un puñetero milagro.

—Alguna vez has dicho que no crees en los géneros puros; todas las historias son híbridos de varios géneros, pero en la bilogía llevasteis esto a otro nivel. ¿Cuántos géneros vamos a encontrar y por qué decidisteis hacerlo así? Si es que fue una decisión.

Comenzamos con una trama policíaca con tintes sobrenaturales y de terror. Pero según avanzábamos, la propia historia nos pedía elementos de género bélico (al fin y al cabo Xoel es un mercenario), de la novela de aventuras, de espionaje (el prólogo del segundo libro), del drama, romántico y ciencia ficción (el terror cósmico de Lovecraft tiene muchos elementos de ciencia ficción), etc. Y todo aderezado de un sentido del humor negro del que hace gala el personaje de Montero. Como resumen: no fue planeado, sino que la propia historia lo iba pidiendo.

—Sabemos que eres un gran lector. Dinos cuáles son tus géneros preferidos y los autores de editorial que te han marcado, o a los que más admiras. Nómbranos un libro que para ti sea una obra maestra.

Mis géneros preferidos son la ciencia ficción, terror y la fantasía. Y sobre autores que me hayan marcado son Stephen King, Arturo Perez Reverte (aunque no toca esos géneros, salvo en el caso de El Club Dumas, una de mis obras favoritas) y Terry Pratchett, un auténtico maestro de la fantasía y la sátira que no dejaré de recomendar. No sabría decirte si considero algún libro como una auténtica obra maestra. Pero siembre recomiendo Dioses menores de Terry Pratchett y El guardián entre el centeno de J. D. Salinger, este porque es un libro que, dependiendo en la época de tu vida que lo leas, lo verás de una manera distinta.

—Siempre has sido un gran defensor de la literatura indie. ¿Hay algún autor o autora al que admires especialmente? Y dinos algunas lecturas imprescindibles para los que quieren leer autopublicados.

Admiro muchísimo a Sebastián E. Luna. Me parece increíble tanto el dominio del lenguaje que tiene, como la maestría en la creación de atmósferas. ¿Recomendación de libros de compañeros autopublicados? Por géneros:

  • Terror: Cien palabras oscuras, de Sebastián E. Luna.
  • Ciencia Ficción: Los Tecnoguardianes, de David Lorén Bielsa.
  • Drama: Jaque Mate, de Lisa Suñé.
  • Romántica: Kilómetro cero, de Dulce Mercé.
  • Fantasía: El secreto de Tedd y Todd, de Fernando Trujillo.
  • Policíaca intimista: Un tipo con suerte, de Enrique Vidal.
  • Thiller: Camino hacia la extinción, de Lars W. Jacobson.

—En el Grupo LLEC colaboras en la sección PROFESORES LLEC. ¿Has realizado algún curso de escritura? ¿O, en el caso de ser autodidacta, qué haces para estudiar y mejorar?

No he tenido tiempo ni dinero para hacer un curso de escritura, pero me gustaría (Los cursos buenos de escritura son un pastizal). Trato de formarme leyendo libros de ayuda a escritores, desde Mientras escribo de Stephen King, hasta Escribir ficción de Gotham Writers’ Workshop. Y trato de cuidar mucho la ortografía y la gramática, por eso tengo en mi estantería mi ejemplar del Manual del español urgente de Fundeu. Y, sobre todo, las críticas constructivas de compañeros y lectores.

—¿En qué te sueles inspirar a la hora de escribir? ¿Qué es lo que más te influencia en tus historias?

Me inspira todo lo que he leído y visto en el cine en mi vida. Y es mucho. También tiro de algunas vivencias personales, e incluso de artículos que he leído en el periódico o anécdotas que me han contado. Y lo que más me influencia son mis propios gustos. Al final, escribo lo que quiero leer.

—¿Te sueles cortar a la hora de escribir sobre algún tema? ¿Te pones filtros o te autocensuras?

Si me corto en algún tema, es porque tengo miedo de tratarlo mal. Por ejemplo, con una escena de sexo entre una pareja homosexual en el segundo libro, quise hacerlo de manera natural y que no quedase vulgar, por lo que pedí ayuda a una escritora de romántica y erótica. Pero, a priori, ni me pongo filtros ni me autocensuro.

—Sabemos que tu vida personal te ha arrancado temporalmente del mundillo de las letras. ¿Pero tienes algún proyecto en mente? ¿Puedes contarnos algo sobre él?

Tengo varios proyectos en el cajón. Muchos comienzos y ningún final. Tengo la intención de hacer un spinoff de Lo que acecha, centrada en uno de sus personajes; también quiero recopilar algunos relatos, algunos ya publicados en obras benéficas, ampliarlos, escribir otros nuevos y sacar un libro de relatos; y mi mayor proyecto: una saga de novelas de ciencia ficción. De este último, tengo la idea de mínimo cuatro novelas cortas y escrito el comienzo de dos. Lo que os dije: demasiados comienzos.

—¿Tienes alguna manía a la hora de leer y escribir?

A la hora de leer necesito silencio y tranquilidad. Puedo leer en el metro o en un lugar público, pero no disfruto lo mismo que por la noche antes de acostarme. Para escribir, también tranquilidad y un té o un café, sin redes sociales. Solo abierto en el ordenador el documento, una página web de sinónimos y la de la RAE.

SOBRE SAMIR DABIAN GUERRA:

Nací un día de verano de 1978 en Madrid (España). Soy policía nacional, casado y con una hija de casi año y medio.

Si me tuviese que definir con una sola palabra sería con la de friki. Desde bien pequeño sentí fascinación por las letras y el celuloide. Me crie entre los libros de la biblioteca de mi madre y los VHS de las películas de los ochenta. Cultivé todos los géneros, tanto literarios como cinematográficos, aunque predominaba la ciencia ficción y la fantasía, disfrutando de sus diferentes sabores y dejando asentar sus posos.

De niño, comencé a escribir pequeños relatos basados en las películas que veía, cambiando parte de la trama o saliéndome por la tangente. De ahí salté a escribir relatos originales de diversos géneros, pero no fue hasta 2016 cuando me desvirgué publicando mi primer libro, Los dos guerreros íberos, escrito junto a Rafael Muñoz Molina. La conclusión de esta bilogía titulada Lo que acecha vio a la luz en el 2019 con el título de Las Puertas del Infierno.

Además, tengo el inmenso honor de que varios de mis relatos forman parte de antologías benéficas como 40 relatos de Fantasía y Ciencia Ficción, Gritos y Pesadillas, Fuera de tiesto o Un gato azul en la azotea.

Pero no queda solo allí mis escarceos con el mundo de las letras. Colaboro de forma habitual con el blog de Libros, lectores, escritores y una taza de café, el reflejo en la web del grupo de Facebook homónimo (LLEC para los amigos).

Página web: https://samirdabianguerra.wordpress.com/

Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100013622292862

Twitter: @samdabian

Instagram: samdabian

OBRAS PUBLICADAS:

LO QUE ACECHA: LOS DOS GUERREROS ÍBEROS

LAS PUERTAS DEL INFIERNO: LO QUE ACECHA


Si tú también tienes un relato perdido y quieres publicarlo con nosotros, tenemos una convocatoria permanente, pudiendo consultar las bases en el siguiente enlace: RELATOS PERDIDOS.

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