NAVIDAD POR SIEMPRE

POR EELYNN CUELLAR

Observo detenidamente el calendario pegado en la nevera. Un recordatorio agridulce que me lleva al pasado. Por ello, a pesar de no necesitarlo, aun mantengo la costumbre de ir tachando todos los días de diciembre, hasta llegar al día veintiocho… Mi cumpleaños.

La primera marca significaba que era el día para adornar la casa. Mi padre ese día llegaba con un árbol enorme cada año por la tarde cuando salía del trabajo, esa espera se me hacía eterna. Amaba adornar la casa y convertirla en la villa de Santa Claus.

Los últimos años de mi infancia, mientras mi madre descansaba, yo aprovechaba esas horas para ir bajando de a poco las luces, esferas, coronas y todo lo que necesitaría del ático y todo aquello que colocaríamos. Normalmente esa tarea la hacíamos los tres juntos, pero ese año la salud de mi madre era más precaria. Los medicamentos la hacían dormir casi todo el día, y mi padre decidió cambiar un poco las cosas, una semana antes que comenzara diciembre, me pidió que hiciéramos una especie de calendario de adviento con fotografías viejas de nosotros y lo pondríamos cerca de su cama para que ella marcará los días y no lo hiciera yo como los años anteriores.

El cáncer y Alzheimer la estaban consumiendo rápidamente, en mi corazón sabía que sería nuestra última navidad con ella, y si así era, estaba decidida a que fuera una Navidad inolvidable que recordaríamos por siempre. Por eso no espere a que fuera de noche y deseaba darles una sorpresa a ambos. Tenía tan solo trece años y fue una tarea agotadora, mi padre me sonrió al ver la casa cuando llegó, en cuanto lo acomodó en su lugar, me dijo que aguardara mientras iba por ella. Pasaron los minutos y decidí ir a buscarlos. Escuchar el llanto de mi padre me lo dijo todo, y en ese preciso instante todo se oscureció.

Me equivoqué, perdí tiempo valioso en lugar de estar con ella.

Ese fue el único año que no celebramos. Yo ya no deseaba hacerlo, pero por ella, en su memoria, decidimos que las cosas no debían cambiar.


Ha pasado mucho tiempo desde aquella Navidad, pero todavía todos los años sigo marcando el calendario, como mis padres me enseñaron. Al poner la primera X, era día para escoger el más grande y frondoso que pudiera encontrar y adornarlo.

Cada año era un problema meterlo en mi reducido departamento, y aún así elegía el más grande que mi economía me permitía, normalmente ocupaba más de la mitad de la estancia, en realidad, no sé porqué sigo con estás tradiciones, hace cinco años mi padre falleció en un accidente y ya no tenía motivos para continuar esta tradición, de seguir celebrando. Nunca he tenido novio, amigos, ni familia… Estaba sola en este mundo. Las relaciones con mis vecinos o compañeros de trabajo eran nulas, a estás alturas no sé cuál es el motivo de seguir haciéndolo. Costumbre probablemente.

Hace un par de años, un ataque de ira o depresión me hizo irracional, destruí las pocas pertenencias que tenía de ellos, al igual que mis recuerdos, sus adornos… no tenía la fuerza y paz mental en ese día que siempre había sido importante para mí.

Cómo un león enjaulado comencé a moverme sin sentido, intenté hacer las respiraciones que me enseñaron para tranquilizarme, algo que no estaba consiguiendo. Y cuando parecía que venía una nueva descarga de ira, se fue la luz.

Eso hizo que me detuviera.

Era la medianoche con un minuto.

Cerré los ojos unos segundos, y al abrirlos fue como si no lo hubiera hecho. Negro. Una completa negrura me impedía ver algo.

Jamás había visto que un apagón tuviera ese efecto, y me inquietó. Con torpeza me dirigí a dónde creía estaba la ventana para ver el exterior. Afuera todo parecía estar normal. Era la única que estaba a oscuras.

Por suerte aprendí gracias a mi padre a valerme sola y hacer los arreglos básicos de un hogar como plomería y electricidad, entre otras cosas. Usando la lámpara del móvil, busqué todo lo que necesitaba para cambiar un fusible. Hasta ese momento me hice consciente del hecho.

No tardé mucho en recordar.

Año tras año. Misma hora. Mismo día… Veintiocho minutos en la oscuridad.

Y todo comenzó el día que perdí a mi madre.

No sé cómo no me había dado cuenta de ello.

Y en ese instante sentí una paz que hace mucho no sentía. La noche fría se volvió más cálida y mil recuerdos embargaron mi mente y corazón.


—No papi, tú no… — me abrazaba a su cuerpo inerte, alguna enfermera intenta alejarme de ahí y yo me agarró aun más a él— noooooo.

Comienzo a sentir mi cuerpo pesado, no logro mantener los ojos abiertos.

—Natalie, tranquila —escucho una voz que reconozco, pero me es imposible encontrar de dónde proviene—, todo va a estar bien… Estarás bien.

No sé cuánto tiempo ha pasado, mi cuerpo sigue adormilado y con sensación de pesadez.

—Buenos días Bella Durmiente —una enfermera se acerca con una charola de comida a la cama—. Nos has dado un pequeño susto.

—N-no entiendo.

—Cuando te inyectaron el sedante, el doctor nunca imaginó…

—H-ha-abía tomado un par de p-pastillas.

—Creo que ambos sabemos que no está diciendo la verdad señorita Akerman. Por suerte para usted y para nosotros —agregó el doctor cerrando la puerta—, nos dimos cuenta a tiempo.

—M-mi padre…

—Lamentamos su pérdida. En un par de días le daremos el alta y podrá…

Todo se vuelve oscuro a mi alrededor y solo escucho el latir acelerado de mi corazón retumbar por todo mi cuerpo.

No hubo ceremonia alguna para despedirlo. El proceso fue tan rápido que aún no podía creer que mi padre estuviera en esa pequeña urna.

Por fin podría estar de nuevo junto a mi madre, como lo anhelo por demasiados años.

Llegué a casa y lo acomodé en la mesita de la sala.

Me serví una bebida y la tomé de un trago. Después vino la segunda, y una más, y otra. Pronto comencé a tomar directo de la botella mientras lo abrazaba y lloraba en silencio.

No podía creer que con diferencia de quince años exactos me estaba despidiendo también de mi padre.

Me dirijo a la cocina y unos minutos después regreso, lo tomo en mis brazos y voy a mi habitación y me tumbo en la cama.

No tenía idea de cómo continuar ahora que estaba sola. No tenía sentido.

La vida nos separó, mi trabajo hizo que me mudara de ciudad y los últimos cinco años nos veíamos poco, pero el día uno, aparecía en mi puerta con un enorme árbol, nos costaba mucho trabajo subirlo al quinto piso y nos reducía mucho el espacio, pero era una tradición que no deseábamos perder. Se quedaba todo el mes conmigo antes de que se marchara de nuevo.

Pero este sería diferente.


—Mi pequeña Natalie —es su voz— has tardado demasiado en recordar.

La luz ha regresado, y ya no me encuentro en aquel diminuto apartamento. Estoy en la estancia de mi antigua casa. Con un enorme árbol de Navidad adornado bellamente y mis padres con los brazos abiertos frente a él esperándome.

Sonrío, todos estos años jamás estuve sola, desde que mamá se fue, siempre estuvo a mi lado. Quizá ya no tenía un calendario para marcarlo, pero el día más importante para ella, como siempre me lo dijo, buscó la manera para seguir diciéndomelo con la hora y los minutos.

No me arrepiento de lo que hice. No sé si alguien llorará o me extrañará, lo que lamento es haberlo olvidado y eso me hizo perder tiempo para llegar al único lugar que deseaba estar. Donde siempre fui feliz… a su lado.


Un relato de Eelynn Cuellar para el Grupo LLEC. Todos los derechos reservados por la autora.

Mención especial del Reto NavidaLLEC2021. #NavidaLLEC2021

Imagen de pinterest.

SOBRE EELYNN CUELLAR:

Escritora mexicana que le gusta escribir todos los días aunque sea unas líneas. Tiene publicados varios relatos y microrrelatos en sus blogs y redes sociales (Eelynn Cuellar y Books FD). También le gusta participar en concursos o convocatorias que encuentra principalmente en grupos de Facebook.

Para incentivarse ella y con el apoyo de varios autores es creadora de dos retos de escritura; una semanal y otro mensual que son #YoEscriboBFD y #YoEscribo52HistoriasBFD y cualquiera se puede unir a estas iniciativas.

No le gusta encasillarse en un solo género por lo que se atreve a escribir desde Suspenso, Thrillers, Urban Fantasy, Comedia y algo de Romance Contemporáneo, aunque este último le cuesta más trabajo y alguno otro que le dan la libertad de las letras.

Ama leer y se sigue sintiendo más lectora que escritora, sin embargo hace un par de años se atrevió a participar en algunas antologías a la que fue invitada, en las que se pueden encontrar algunas benéficas como Constelación Literaria y algunas para Divinas Lectoras. Participó en Melodías Del Alma vol. II con dos relatos y con la colaboración de Hoja en Blanco dos antologías que son de descarga gratuita que son: Cuarto Para Medianoche y Media Naranja Medio Limón; y recientemente participó en Con Amor, Taylor.

Actualmente está enfocada en seguir escribiendo para sus retos y los que encuentre en su camino y está preparando su primera novela que será una continuación de su última participación de una antología. También tiene varios proyectos avanzados y espera pronto comiencen a ver la luz.

Blogs:

Libros en Amazon:

  • Con Amor, Taylor.
  • Melodías del Alma Vol. 2

Instagram y Twitter: @felindreams    

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