Ironía+humor+sarcasmo=Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza Garriga nació en Barcelona el 11 de enero de 1943. Aunque de pequeño soñaba con ser torero, capitán de barco o explorador, terminó convirtiéndEduardoMendozaose en autor teatral, novelista, abogado y traductor.

Es hijo de un fiscal y de una ama de casa, hermana del escritor e historiador Ramón Garriga Alemany.

Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona. Tras acabar sus estudios y licenciarse, se dedicó a viajar por Europa, en 1966 consiguió una beca para estudiar Sociología en Londres. De nuevo en España, trabajó como abogado en la la asesoría jurídica del Banco Condal y en 1973 se marchó a Nueva York, donde ejerció de traductor en la ONU, hasta 1982. 

Tiene dos hijos con su primera mujer, Anna Soler, más tarde, se casó con Rosa Novell, actriz, tristemente desaparecida en 2015.

Nos encontramos ante un autor con una gran carrera literaria a sus espaldas.

Corría el año 1975, en la ciudad de los rascacielos, cuando debutó, literariamente hablando, con La verdad sobre el caso Savolta. Esta novela narra el panorama de las luchas sindicales de principios del siglo XX mostrando la realidad social, cultural y económica de la Barcelona de la época. En 1976, con esta novela, obtuvo el Premio de la Crítica.

«Eran días de irresponsable plenitud, de felicidad imperceptible»

 Salvolta Sinnoticias

Autor de una saga que dará comienzo en 1979 

Publicó El misterio de la cripta embrujada, una parodia con momentos hilarantes que mezcla rasgos de la novela negra con la gótica. Este libro marcó el comienzo de una saga protagonizada por un personaje peculiar, un detective encerrado en un manicomio, de nombre desconocido. Con esta novela, descubrió su lado más cómico.

El laberinto de las aceitunas llegó en 1982. De nuevo, regresaba el detective sin nombre, que lo consolidó como uno de los autores con más éxito de ventas. Tardó unos cuantos años en regalarnos la siguiente entrega. En 2001 publicó La aventura del tocador de señoras, por la que recibió el Premio del Gremio de Libreros de Madrid y de nuevo, al lector no le quedó otra que esperar la siguiente historia, por lo que no sería hasta 2012 cuando, pudimos disfrutar de El enredo de la bolsa o la vida. Y con El secreto de la modelo extraviada, en 2015, que es su último libro de la serie.

«Lo único que puedo asegurar es que en ninguna ocasión, ni siquiera en los más críticos bretes, he visto, conforme suele contarse, pasar ante mí mi vida entera como si fuera una película, lo que siempre es un alivio, porque bastante malo es de por sí morirse para encima morirse viendo cine español».

Algunas de sus historias llevadas a la gran pantalla

En el año del Mundial de Naranjito, publicó: Campo de la verdad, y Los soldados de plomo, que más tarde, sería llevada al cine por José Sacristán.

En 1986, junto a Miguel Narros, director del Teatro María Guerrero, versionó y tradujo El sueño de una noche de verano de William Shakespeare. 

La ciudad de los prodigios, considerada por la crítica literaria como su obra cumbre, fue elegida por la revista francesa Lire como el mejor libro de 1988. Con ella obtuvo diversos premios: Premio Grinzane Cavour; Premio Ciutat de Barcelona; y finalista del Premio Nacional de Literatura. Su amigo, el escritor Juan Benet, en una publicación, aseguró que la novela le había gustado tanto que le hubiera gustado escribirla a él. También será llevada a la gran pantalla por Mario Camus en 1999. 

En 1989 publicará La isla inaudita, y en 1990 estrenará su primera obra de teatro, Restauració.

«La isla inaudita fue la primera novela, después de La verdad sobre el caso Savolta, que escribí enteramente en Barcelona, en la misma mesa, ante la misma ventana… Tal vez por esto es más introspectiva y más consciente del paso de las estaciones, de los cambios graduales de la luz.»

El 1 de agosto de 1990, el periódico El País, anunció una insólita experiencia por parte de Eduardo Mendoza: escribió a diario, de lunes a sábado, un capítulo de la historia de un extraterrestre que aterrizaba ese mismo verano en la periferia de Barcelona. Una aguda e irónica mirada sobre la sociedad española de esa época.

La historia fue publicada al año siguiente por la editorial Seix Barral, bajo el título de Sin noticias de Gurb, que se desarrolla en la Barcelona preolímpica. 

 

«Siempre se piensa mejor con el estómago lleno, dicen los que tienen estómago».

Junto a los escritores Félix de Azúa, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Marsé, Andreu Martín, Jesús Ferrero, Javier Fernández de Castro y Francisco González Ledesma, escribió una novela colectiva detectivesca: El enigma Icaria, editada por entregas en el periódico La Vanguardia en 1992

Su obra, El año del Diluvio, recibió el Premio Literario Elle en 1993

Publicó Una comedia ligera, elegida como Mejor Libro Extranjero en Francia en 1996

En 2001, vio la luz el ensayo Pío Baroja.

El último trayecto de Horacio Dos fue publicado en 2002

Para el año 2004 tenía reservado el estreno de la obra teatral Graves cuestiones en el Festival de Temporada Alta de Gerona. 

No volvió a publicar hasta 2006, y sería con otra obra de teatro: Glòria. También en este año publicó la novela Mauricio o las elecciones primarias, con la que obtuvo el Premio de Novela de la Fundación José Manuel Lara Hernández. En este año, Llátzer Moix publica Mundo Mendoza sobre el autor.

Un libro por año, del 2007 al 2010

Los próximos años serían igual de fructíferos que los anteriores: 

¿Quién se acuerda de Armando Palacio Valdés?; El asombroso viaje de Pomponio Flato; Tres vidas de santos, donde debuta en el género de relato e incluye los cuentos La ballena, El malentendido y El final de Dubslav. 

Bajo el seudónimo de Ricardo Medina, ganó el 15 de octubre de 2010 la LIX edición del Premio Planeta de Novela, con Riña de gatos. Madrid, 1936.

PremioPlaneta

«¿Y qué es la verdad? Unas veces lo contrario de la mentira; otras veces, lo contrario del silencio».

En 2015 fue galardonado con el premio checo Franz Kafka, concedido por su trayectoria literaria y en el que han destacado especialmente su obra La verdad sobre el caso Savolta.

El 30 de noviembre de 2016 se le concedió el Premio Cervantes 2016 

En 2017 publicó Qué está pasando en Cataluña.

En 2018 ha publicado El rey recibe, primera parte de una trilogía.

«He sido y sigo siendo un fiel lector de Cervantes y, como es lógico, un asiduo lector del Quijote. Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector».

Un estilo distinto

Todo aquel que haya tenido el gusto de perderse entre sus letras, sabrá que no es un escritor al uso, sin duda, es un autor diferente. 

En su libro Sin noticias de Gurb o en cualquiera de la saga del detective, podemos comprobar cómo juega con su pluma.

El estilo narrativo de Eduardo Mendoza, es sencillo y directo, sin olvidarse del uso de cultismos, arcaísmos, así como, del lenguaje popular en su más pura expresión por lo que lo convierte en un escritor muy cercano a los lectores actuales. El mismo autor ha reconocido que su estilo está inmerso en el figurativismos, con la intención de que el lector pueda identificarse con los personajes.

Sus novelas están muy trabajadas desde el punto de vista documental, histórico y testimonial, con un atrayente análisis vital y sociológico, aunque este rasgo, en ocasiones, rebaje el alcance estético y existencial de sus tramas y personajes.

En ocasiones, usa la sátira como vehículo para hacer un repaso crítico a la sociedad española. Mezcla la crítica con el ingenio y lejos de burlarse, tiene una intención correctiva. 

Ha parodiado la novela detectivesca y la ciencia ficción. Se centra más en la sociedad y en lo que está sucediendo en el mundo, que en la historia que inventa. 

En sus tramas no pueden faltar la ironía y el sarcasmo, manejando numerosos recursos literarios de una forma magistral. Usa la exageración de manera prolongada, de una forma tan peculiar, que por muy surrealista que sea lo que cuenta, y que hace de manera consciente, que nadie pondrá en duda el tono irreal de la narración y continuará disfrutando de la lectura.

Entrada publicada por Dublineta Eire.

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Bram Stoker, el padre de Drácula

Como se acerca Halloween y en LLEC nos encanta la temática del terror, no hemos podido menos que preparar una entrada especial sobre uno de esos escritores que han creado uno de los personajes más terroríficos y recordados de la literatura y el cine. Sí, estamos hablando de Bram Stoker, el padre de Drácula.

Una vida de éxito

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(1847-1912)

Bram nació en 1847, en Dublín. Hijo de un funcionario público no tuvo la infancia fácil que culquiera podría pensar, pues padeció de una grave parálisis que le impidió caminar hasta los siete años. Sin embargo, ello no fue óbice para distinguirse como atleta y futbolita en la Universidad de Dublín, donde estudió matemáticas con excelentes resultados y fue presidente de la Sociedad Filosófica. A pesar de haberse recuperado de su enfermedad, Bram nunca olvidó los cuentos de fantasmas y misterios que su madre le contaba cuando estaba enfermo en la cama, por lo que puede decirse que esto marcó su preferencia por el género que lo llevaría a la fama.

La enfermedad y la debilidad son egoístas y vuelven nuestra mirada y nuestra simpatía hacia nosotros mismos, mientras que la salud y la fuerza dan riendas al amor, el cual tiene pensamiento y voluntad para vagar por donde quiera.”

Entre 1967 y 1977, Bram fue funcionario público en Dublín. Por entonces ya era un enamorado del teatro y escribió sin ánimo de lucro reseñas críticas de piezas teatrales para The Evening Mail.

En 1878 se casó con Florence Balcombe, con quien tuvo un hijo. En este mismo año conoció a Henry Irving, un actor inglés al que admiraba sobremanera. Se forjó una sólida amistad que llevó a Bram a convertirse en su representante y secretario durante los siguientes veintisiete años acompañándolo a giras y encargándose de su correo hasta el momento que le sobrevino la muerte al excelso actor con el que llegó a dirigir el Lyceum Theatre de Londres. Tal fue el cariño que Bram le profesaba quetiempo después crearía en torno a los recuerdos de esa amistad su obra Recuerdos personales de Henry Irving.

Con la publicación de Drácula (1897), Bram se convirtió automáticamente en un best seller, si bien debemos decir que el éxito de esta novela epistolar opacó el brillo de sus otras obras.

La auténtica tragedia de su vida fue su muerte, ya que a pesar del éxito cosechado murió pobre y olvidado en Londres, en el año 1812.

“La soledad se sentará sobre nuestros tejados con alas desplegadas”.

Las obras de un genio

2Bram publicó sus primeros relatos, como “La copa de cristal” gracias a la London Society y a revistas como Shamrock, con la que publicó “The Chain of Destiny”.

En 1876, mientras trabajaba como funcionario escribió un libr de texto titulado The Duties of Clerks of Petty Sessions in Ireland, que se utilizó como referencia durante mucho tiempo como manual de trabajo.

Aparte de su obra cumbre, Bram escribió otras novelas y relatos cortos, entre los que destacan algunos como El paso de la serpiente (1890), El misterio del mar (1902), La joya de las siete estrellas (1904) y La dama de la mortaja (1909), una obra que ha pasado desapercibida debido a la celebridad de su obra cumbre, Drácula.

Su esposa desempeñó un gran papel en la publicación de sus textos, ya que se encargó de administrar su legado literario y dio a conocer obras como, por ejemplo, El huesped de Drácula, que sería la introducción de Drácula.

Drácula, la pesadilla hecha noche

3Con la publicación de Drácula, Bram acaparó gran atención, pues en esta obra se conjugaba a la perfección el ideario decadentista de la sociedad de su época a través de la figura del vampiro. Si bien es cierto que Bram no fue el creador del personaje en sí (ya por entonces existían leyendas y mitos sobre vampiros), podemos afirmar que fue el autor que le insufló vida, el que lo convirtió en leyenda.

Hasta la novela de Bram, esta inquietante figura del imaginario del terror no había estado tan asociada con el poder, la seducción y el erotismo en su forma más corrupta, connotaciones que han llegado hasta nuestros días. Ni qué decir tiene que los vampiros nunca habían poblado las pesadillas de los niños tanto como desde la publicación de esta novela.

Jamás me habían parecido las tumbas tan espectralmente blancas, jamás los cipreses y los tejos y los enebros se me habían antojado tanto la encarnación de la fúnebre melancolía, jamás los arboles y la hierba se habían agitado, ni habían susurrado de forma tan inquietante, jamás habían crujido las ramas tan misteriosamente, jamás el lejano aullido de los perros había transmitido un presagio tan lastimero a través de la noche.”

5La obra, como sin duda muchos de vosotros ya sabéis, está formulada a través de diarios y cartas de varios personajes, entre los que destacan Mina y Jonathan Harker. Curiosamente, el personaje que no escribe una sola línea (Drácula) es el que acapara toda la atención y llena la obra de misterio.

Para la creación del personaje de Drácula, nuestro autor se inspiró en personajes históricos como Vlad el Empalador, según dicen algunas fuertes. Asimismo, para confeccionar su aspecto, Bram se inspiró en conocidos como su amigo el actor Henry Irving y en Franz Liszt.

Entre el éxito cosechado, podemos destacar los elogios de Arthur Conan Doyle y las palabras que le dedicó Óscar Wilde, que señaló que era “la obra de terror mejor escrita de todos los tiempos”.

En cualquier caso, Bram supo plasmar en esta obra la eterna lucha entre la la luz y la oscuridad, jugando como nadie con la delgada línea que separa la vida de la muerte y convirtiéndose así en un autor inmortal en la historia de la literatura universal.

Las versiones cinemátográficas de sus obras así lo atestiguan, pues comenzaron a producirse hacie 1920 y a día de hoy la figura del vampiro se sigue llevando a la gran pantalla, a veces deformándola y otras conservando el toque original de Stoker.

“He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”.

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Saint-Exupéry, el piloto de las letras

Hoy le toca el turno a este novelista y aviador francés, Antoine de Saint-Exupéry, conocido por grandes y pequeños por su gran novela El Principito.

Una vida en el aire

1Nació un 29 de junio de 1900 en Lyon, Francia.

Fue el tercero de los cinco hijos del Conde Jean-Marie de Saint-Euxpéry y Andrée Marie Louise Boyer de Fonscolombe, matrimonio aristocrático y empobrecido. Quedó huérfano a los cuatro años.

Al ser rechazado en la Escuela Naval, comenzó estudios de arquitectura en 1920, abandonando un año más tarde para formar parte de las Fuerzas Aéreas Francesas.

Aprovechó sus vuelos para escribir y dar rienda suelta a su imaginación.

Su primer libro, El aviador, vería la luz en 1926. Al poco tiempo, descubriría su verdadera vocación literaria.

Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad”.

Se trasladó a vivir a Sudamérica coincidiendo con la publicación de su libro Correo del Sur y en 1931 recibió el Premio Fémina con su Vuelo nocturno, obteniendo un gran éxito.

Todos sus libros se corresponden con cada una de sus experiencias de vida en el aire.

En Argentina, conoció a su mujer, la escritora salvadoreña Consuelo Suncín, y tras el quiebre de la empresa de correos, Saint-Exupéry se dedicó, casi en exclusivo, a la escritura y al periodismo.

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”.

Sin embargo, no dejó de volar como piloto de pruebas, participando en algunos «raids» o intentos de récords, que en ocasiones se saldaron con graves accidentes, como el ocurrido en la zona de El Sáhara, en 1935.

Sus reflexiones sobre el humanismo las recogió en Terre des hommes, publicado en 1939, relato basado en su accidente aéreo en El Sáhara.

Ese mismo año, fue movilizado por el ejército del aire, como piloto de una escuadrilla de reconocimiento aéreo, caracterizada por misiones suicidas y estratégicamente absurdas, dado el arrollador avance alemán.

Tras el armisticio forzado por la ocupación alemana de Francia, decidió abandonar su país, y a través de sus agentes literarios, se instaló en Nueva York, llegando a participar en algunas de la campañas orquestadas para que los norteamericanos entraran en la guerra.

Descontento con su participación pasiva en el conflicto y habiendo sido rechazado sistemáticamente como piloto, por fin, en la primavera de 1944, fue destinado a Cerdeña y más tarde a Córcega, en una unidad de reconocimiento fotográfico del frente alemán en los prolegómenos del desembarco aliado en Provenza.

Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía”.

2Durante su última misión de reconocimiento, el 31 de julio de 1944, sobre los movimientos de las tropas alemanas en el valle del Ródano poco antes de la invasión aliada del sur de Francia. Ese día, a primera hora de la mañana, Saint-Exupéry despegó a bordo de un Lightning P-38, sin armamento, de una base aérea en Córcega, de donde no regresaría jamás. Tras el aviso de una vecina de Marsella, asegurando haber visto un accidente aéreo, encontraron el cuerpo.

La filosofía de Saint-Exupéry

Antoine de Saint Exupéry se relaciona con la corriente filosófica del existencialismo, la cual fue dominante durante los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra mundial y los que la han seguido.

Su obra El principito es considerada una de las grandes obras de este movimiento filosófico.

Toda la obra de Saint-Exupéry es un reflejo de su propia biografía y del pensamiento existencialista que le caracterizó.

Sus novelas de aviación están basadas en sus propias experiencias vitales como piloto comercial o de guerra. Era un piloto que volaba y escribía sobre aquello que había experimentado, reflejando como nadie lo ha hecho, la experiencia de la aviación, la relación del hombre con la naturaleza, la soledad del héroe y la necesidad de sobreponerse a ella.

Desde El aviador, su primera obra publicada en 1926, se dedicó a relatarnos sus aventuras, pensamientos y reflexiones desde las alturas, normalmente, cuando se encontraba convaleciente, debido a alguno de los múltiples accidentes aéreos que tuvo a lo largo de su vida.

La única excepción fue El Principito en el que hace uso de la imaginación para narrarnos un cuento de índole fantástica.

Entre sus obras destacan Vuelo nocturno, que relata el trabajo de los pilotos que realizaban vuelos nocturnos para llevar correo aéreo y cómo se juegan la vida en su trabajo, y Tierra de hombres donde reivindica la dignidad del hombre, la humanidad más allá de las limitaciones de las fronteras, las razas, o las ideologías.

“No tengo derecho a decir o hacer nada que disminuya a un hombre ante sí mismo. Lo que importa no es lo que yo pienso de él, sino lo que él piensa de sí mismo. Herir a un hombre en su dignidad es un crimen”.

 

Crítica y curiosidades de su obra

¿Cómo surgió El Principito?3

Durante su estancia en Nueva York, la mujer de su editor, Elizabeth Reynal, le propuso escribir un libro para niños. Quería competir con P.L Travers, autora de las historias de Mary Poppins y de esta forma, hacer que se olvidara del estrés que le provocó salir de Francia.

Él mismo, escribió e ilustró el libro. El día que lo tuvo acabado, entregó el manuscrito dentro de una bolsa de papel junto a las ilustraciones hechas en acuarela.

El 6 de abril de 1943, la editorial Reynal&Hitchcock, publicaría su novela corta, en inglés y francés.

Aunque fue creado como un libro infantil, ha sido leído por adultos y niños. Se tratan temas tan profundos como la amistad, la vida, el amor y el compromiso.

5El Principito procedía de un asteroide tan pequeño que bastaba con desplazar un poco la silla hacia atrás para ver continuamente la puesta de sol. Un día brotó del suelo una rosa; el principito se enamoró de ella, pero no pudiendo soportar su orgullo y presunción, decidió abandonar el asteroide y emprendió un viaje que lo llevó a otros planetas. En cada uno de ellos vivía un único personaje que tenía algún defecto humano: la vanidad, el egoísmo, la ambición…

Al llegar a la Tierra, descubrió, apenado, que su rosa no era la única del universo, se hizo amigo de un zorro, y después del narrador. Los sutiles simbolismos y el desenlace de la historia sugieren el sentido del libro: una búsqueda sobre el amor y la amistad, sentimientos que, pese a su naturaleza incomprensible y los sufrimientos que pueden acarrear, se revelan como una necesidad ineludible y enriquecedora.

El fracaso fortifica a los fuertes”.

Tristemente, Saint-Exúpery, no pudo disfrutar el éxito de su novela, pero cuando se marchó a una misión con las Fuerzas Francesas, se llevó con él un ejemplar del libro, y solía leerle a sus compañeros extractos de El Principito. También se comenta, que de vez en cuando, lo dejaba al que quisiera leerlo, con la condición de que le fuera devuelto en las siguientes veinticuatro horas y con comentarios.

4Tampoco vivió lo suficiente para conocer las interpretaciones que se fueron haciendo de su obra, como asociar a su mujer, Consuelo Suncín, con la rosa de la historia, por su lengua venenosa y por ser «más importante que todas» las otras rosas —haciendo alusión a las continuas infidelidades del escritor—. O que ven que el personaje del zorro está basado en la periodista Silvia Hamilton Reinhardt y que los baobabs representan a la invasión nazi.

Se quedó sin conocer que su historia ha servido de grandes enseñanzas en todos los rincones del planeta, pues ha sido traducido en más de doscientos cincuenta idiomas y dialectos. Ni supo que a día de hoy, se analiza por su espíritu de crítica social, por juzgar la manera con que los adultos ven las cosas, por valorar el verdadero sentido de la amistad y del compromiso, por rescatar la importancia del amor, la creatividad y la lealtad.

“Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”.

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Entrada creada por nuestra nueva colaboradora en la sección, Dublineta Eire.

Charles Dickens, el defensor de los pobres

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(1812-1870)

Nuestro excelso autor nació el 7 de febrero de 1812 en Landport. Siendo niño, se trasladó varias veces de ciudad. Su madre era de clase media y su padre siempre estaba endeudado a causa del despilfarro, por lo que la economía familiar no era especialmente buena.

El pequeño Charles no recibió educación hasta los nueve años, cosa que más tarde le reprocharían sus críticos por considerarlo excesivamente autodidacta. A esa edad, tras acudir a la escuela de Rome Lane, siguió estudiando cultura en la escuela William Gile y más tarde un graduado en Oxford.

Pasaba mucho tiempo leyendo en casa, con lo que tomó una gran afición a las novelas picarescas y de aventuras, quizá para evadirse del mundo que conocía, ya que pasó gran parte de su infancia en uno de los suburbios más pobres de Londres.

Una vez que encarcelaron a su padre por impago de deudas, la vida de Charles cambió drásticamente, ya que fue acogido en una casa de Little College Street y comenzó a ir a visitar a su padre a prisión los domingos. Con doce años comenzó a trabajar en una jornada de diez horas en una fábrica de betún para calzado para pagar su hospedaje y ayudar también a su familia.

Cuando su padre salió de prisión la economía tardó un tiempo en restablecerse y el joven Charles nunca pudo olvidar la insistencia de su madre por mantenerlo trabajando en la fábrica. Este trabajo tan extenuante le serviría más adelante de inspiración para denunciar en sus novelas el trato deplorable que recibían las clases proletarias.

“El dinero y los bienes son las mejores referencias”.

1En 1927 comenzó a trabajar como pasante en un bufete de abogados y, más adelante, como taquífrafo judicial. Un año más tarde comenzó a trabajar como reportero en un periódico para, después empezar como cronista en el True Sun. Por estas fechas se interesó en la vida teatral, pero jamás pudo asistir al casting al que se apuntó tras dar calses de teatro debido a una gripe.

En 1834 trabajó para el Morning Chronicle como periodista político. Es en esta época cuando comenzó a publicar sus primeros escritos literarios, que más tarde se reunirían en volúmenes, como Los papeles postumos del club Pickwick.

En 1836 se casó con Catherine Thompson Hogarth, con quien tuvo diez hijos y siguió trabajando en varios periódicos como editor y colaborador.

En 1841 fue nombrado hijo adoptivo por la ciudad de Edimburgo, ya que su fama como escritor empezaba a hacerse notar. En 1842 viajó a EE.UU. con su esposa, donde se ganó cierto rechazo al principio por sus ideas contra la esclavitud, difundidas con su obra Notas de América. No obstante, acabó ganándose el aprecio de los estadounidenses con Canción de Navidad.

“Los cielos saben que nunca debemos avergonzarnos de nuestras lágrimas”.

Entre 1846 y 1848 su forma de escribir comenzó a cambiar, ya que pasó de la improvisación a planificar sus escritos de rincipio a fin.

Cuando ya era considerado en el panorama literario como el grna novelista de la novela social, tuvo problemas con sus editores, ya que les demandó un pago mayor por su trabajo que fue desestimado. Tras eso viajó por Suiza y Francia, donde tuvo contacto con otros autores como Alejandro Dumas y Julio Verne.

Poco después vino uno de sus mayores éxitos, David Copperfield, que en poco tiempo vendió 100.000 ejemplares.

Alrededor de 1850, la salud de Charles comenzó a resentirse, empeorando aún más debido a la muerte de su padre, su hermana y una de sus hijas.

Su éxito ya le daba para entonces muchos ingresos, con lo que en 1856 pudo permitirse el lujo de comprar Gad’s Hill Place, una gran casa situada en Higham, Kent, que había soñado con habitar desde que era un niño pobre.

“Nunca podría haber logrado lo que logré sin los hábitos de puntualidad, orden y diligencia; sin la determinación de concentrarme en una sola tarea a la vez”.

Hacia 1858 se separó de su esposa, aunque siguió encargándose de ella económicamente. Se rumorea que el divorcio fue por relaciones extramatrimoniales con su cuñada o, incluso, con un antiguo amor. De lo que no hay duda es de que sufrió un gran cambio de carácter.

2En 1865 sufrió un accidente de tren, cuyos primeros vagones descarriaron en un puente que estaba siendo reparado. Milagrosamente, el vagón en el que viajaba no se volcó y pudo ayudar a heridos y moribundos. Luego se arriesgó a entrar de nuevo al tren para recuperar un manuscrito que aún no había publicado y, por supuesto, se inspiró en esta terrible experiencia para una de sus próximas novelas, titulada El guardavía. Además, consiguió evitar el escándalo de que estaba viajando con Ellen Terman, que sería su compañera hasta el fin de sus días.

Cinco años después del accidente, Charles murió a causa de una apoplejía y fue enterrado en la Esquina de los Poetas, con un epitafio que rezaba “fue simpatizante del pobre, del miserable y del oprimido”.

 

Una obra extensa, con novelas celebérrimas

La obra de Dickens es muy vasta. Prácticamente todo lo que escribía era un éxito. De este modo, no es de extrañar que casi todos hayamos visto alguna adaptación cinematográfica de sus obras, como Cuento de Navidad, Historia de dos ciudades, Oliver Twist o David Copperfield, que probablemente figuran entre las más destacadas.

Como no podemos hablar de todas sus obras porque eso significaría hacer una megaentrada, vamos a entrarnos en Oliver Twist y David Copperfield.

Oliver Twist

oliver twistNarra la vida (de forma autobiográfica) de un pequeño huérfano que se ve forzado a robar para sobrevivir en el mundo cruel al que ha sido arrojado. Atrapado por una banda de niños carteristas, debe rendirse a Fagin, el líder adulto, que será quien lo incite a urdir los hurtos.

La narración es sórdida, cruel y carente de Romanticismo. Es una de las primeras novelas sociales que existen y la primera novela inglesa que tiene como protagonista a un niño.

Como en toda novela con toques picarescos, tiene un sentido más profundo: el ansia por triunfar en la vida, por hacerse un hueco y sobrevivir en una época en la que tener un nombre o provenir de una buena familia sigue siendo todo.

Probablemente, esta sea una de las novelas (junto a Cuento de Navidad) que más versiones cinematográficas ha inspirado debido a su logradísima ambientación y la trascendencia de sus personajes.

David Copperfield

Al igual que Oliver Twist y la mayoría de sus novelas, Charles publicó David Copperfield por entregas, ya que en la época pocas personas podían permitirse el lujo de comprar un libro y se había extendido la técnica del folletín.

El mismo autor admitió que ésta es su novela predilecta.

Esta novela trata sobre la vida de David desde su nacimiento hasta su muerte.

6David nace cuando su padre ya ha fallecido. Como su madre vuelve a casarse cuand el niño tiene siete años, David se ve obligado a ir a vivir una temporada con la familia de su niñera, Pegotty, donde conocería a Emily, su primer amor.

Al regresar con su madre y su padrastro, resulta evidente que el pequeño no encaja en la nueva vida familiar tras una escena en la que muerde a su padrastro, por lo que lo envían a una escuela cuya disciplina se basa en golpear a los niños.

La madre de David, muy infeliz en su matrimonio, muere al dar a luz junto a su bebé, por lo que el pequeño David queda huérfano por completo.

A partir de entonces, comienza la auténtica travesía de su vida, cuando nadie parece querer hacerse cargo de él y debe terminar de estudiar y empezar a trabajar cuanto antes. Sin embargo, también hay tiempo para algun que otro amorío y tropiezos con gente buena y gente mala que lo ayudará o entorpecerá su camino.

Como en todas las grandes novelas, hay un trasfondo. En esta ocasión, los personajes giran en torno al eje de si tienen o no un corazón disciplinado. Hay, pues, tres tipos de personajes: lo que no lo tienen, los que sí y los más complejos, como David, que aprenden a dominar sus impulsos a base de vivencias.

Un corazón que ama es la más verdadera de las sabidurías.

Un estilo muy marcado

En cuanto al estilo de Dickens podemos decir que es muy personal, muy crítico y lleno de humor negro e ironías. Con toda probabilidad esto es lo que hace de su narrativa algo tan atractivo, además de que su forma de escribir era bastante peculiar:

Como sus novelas eran por entregas, el final del capítulo solía quedarse con algún nudo sin resolver (ejemplo: cuando el pequeño Oliver Twist recibe un disparo y no se sabe si va a sobrevivir), de modo que dejaba en vilo durante un mes a sus lectores, que esperaban impacientes la próxima entrega de la novela y, como nuestro autor tenía la virtud de escribir bastante rápido, gustaba de escuchar primero las críticas de sus lectores sobre el último capítulo publicado para inspirarse y obtener pistas de lo que los lectores querían ver para el próximo.

En cualquier caso, podemos decir sin temor a equivocarnos que Dickens es uno de los grandes pilares de la novela social, ya que sin él, sin su estilo tan personal y crítico, este tipo de obras no serían lo mismo.

“Nadie que alivie los males de otro es inútil en este mundo”.

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Agatha Christie, la reina del crimen

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(1890-1976)

Una vida llena de misterio y… venenos

Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie, nació un 15 de septiembre de 1890 en Torquay, Inglaterra. En el seno de una familia de clase media alta, recibió una exquisita formación privada que la llevó a estudiar en París. Se puede imaginar fácilmente que su infancia, tal y como definió ella, fue feliz. Aprendió a leer a una edad muy temprana (cuatro años) y se convirtió en una ávida lectora a la par que aprendía también a tocar la guitarra y la mandolina.

A pesar de tan buena infancia, su padre enfermaba a menudo y falleció cuando Agatha tenía once años, lo que supuso para ella el fin de su edad pueril, pues tras este fallecimiento su familia quedó devastada y con menores recursos económicos. En 1905, la joven escritora se trasladó a París a estudiar después de tener problemas con el régimen disciplinario de los centros de Inglaterra.

La tristeza es la cuna de inspiración de todo escritor”.

3Regresó cinco años después para reencontrarse con su madre, que también enfermaba, por lo que realizó un viaje con ella hacia las cálidas tierras de El Cairo, donde se inspiraría para obras posteriores.

Al volver a Gran Bretaña se ocupó de varias obras sociales, sus primeros pinitos con la escritura y el teatro para aficionados. Tras varios fracasos editoriales (se negaron a publicarle varios cuentos y alguna novela), Agatha tuvo breves relaciones sentimentales que también acabaron en fracaso hasta que se casó con Archibald Christie.

No sabes si puedes hacer algo o no hasta que lo intentas”.

Durante la Primera Guerra Mundial, su marido fue destinado a Francia y ella ocupó un lugar como enfermera en Torquay y dispensadora hospitalaria, trabajos que le resultaron útiles para algunas de sus novelas posteriores, ya que muchos de los asesinatos ficticios se llevaban a cabo mediante venenos.

En 1919 tuvo a su hija Rosalind Ashfield y su marido comenzó a trabajar en el sistema financiero de Londres.

Hacia finales de 1926, Archibald solicitó el divorcio tras haberse enamorado de otra mujer y después de una discusión, se marchó para pasar unos días con su amante. Nuestra autora, ni corta ni perezosa, hizo lo propio y se marchó de casa. Su repentina desaparición (encontraron su coche abandonado, con su permiso de conducir caducado y prendas de ropa aandonadas) revolucionó a la prensa de entonces hasta el punto de que se llegó a ofrecer una recompensa por una pista fiable de su paradero. La encontraron once días después en un hotel, donde se había registrado bajo el nombre de la amante de su marido, al que no fue capaz de reconocer cuando fue a su encuentro.

1Tras este episodio, recibió atención psiquiátrica. Nunca dio explicaciones sus motivos para desaparecer así. Hay quien dice que utilizó los medios para hacerse más publicidad, también quien considera que la causa fue el shock y la depresión que le supuso la muerte de su madre y el abandono de su esposo de forma tan seguida e incluso hay quien piensa que todo fue para vengarse de su marido haciendo creer a la opinión pública que la había asesinado.

Finalmente, Agatha se divorció de su marido y se quedó con la custodia de su hija Rosalind.

Unos años más tarde, nuestra autora conoció al arqueólogo Max Mallowan, con quien contrajo matrimonio tras un breve noviazgo en una relación que duraría hasta el fin de su vida. Sus viajes con él inspiraron muchas de sus obras ambientadas en el Medio Oriente.

Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Agatha se desempeñó en la farmacia, donde siguió aprendiendo datos sobre los venenos que más adelante le serían de ayuda para sus novelas. Este período coincidió con el momento de mayor prestigio en su carrera, ya que pubicó algunas de sus obras más famosas, como la célebre Diez negritos, considerada una de las novelas más vendidas de todos los tiempos.

Tanto fue el éxito cosechado en vida de esta autora, que recibió el primer Grand Master Awards de la Asociación de Escritores de Misterio, además de otros nombramientos y galardones como la nominación de Comendadora de la Orden del Imperio Británico, el doctorado honorario de la Universidad de Exeter o el nombramiento como Dama Comendadora de la reina Isabel II.

Después de haber gozado de una merecidísima fama, su estado de salud se deterioró entre 1971 y 1974 hasta que falleció en 1976 por causas naturales.

Una obra muy extensa

Nuestra maestra de hoy fue una autora muy prolífica. Además de las sesenta y seis novelas policíacas que la catapultaron a la fama, publicó obras de teatro, seis novelas románticas, diversas historias cortas, dos autobiografías, dos libros de poesía y una obra infantil. Es imposible tratar con detalle una producción tan grande, así que vamos a comentar algunas de sus obras de pasada y luego nos centraremos en dos de ellas con más profundidad.

5Sus primeras novelas surgieron tras leer obras de Arthur Connan Doyle. Su debut fue con El misterioso caso de Styles (1920), donde aparece por primera vez uno de los grandes detectives de la novela criminal, Hércules Poirot. Tras varios intentos fallidos de publicarla, consiguió hacerlo después de que la editorial le pusiera como condición modificar el final. Se vendieron muchos ejemplares, pero algunos consideraban que la novela era “excesivamente ingeniosa”, pues los lectores eran incapaces de localizar entre los personajes al autor del crimen.

La mejor receta para la novela policiaca: el detective no debe saber nunca más que el lector”.

Para su segunda novela, El misterioso Señor Brown (1922), Agatha creó una pareja de detectives, Tommy y Tuppence Beresford, un auténtico matrimonio de sabuesos. En su tercera novela, Asesinato en el campo de golf (1923), nuestra autora retomó a su personaje estrella, Poirot.

6Sin embargo, el primer gran éxito de nuestra autora fue, sin duda alguna, El asesinato de Roger Akroyd (1926), obra en la que se sirvió de la primera persona para revelar y ocultar al mismo tiempo la identidad del asesino. Para entonces, el detective Poirot se había convertido ya en uno de los personajes más queridos por el público de la novela criminal, si bien es cierto que El club de los martes también hizo a sus lectores amar a Miss Marple, la adorable ancianita que resuelve crímenes y que estuvo inspirada en la abuela de la misma Agatha y sus amigas.

En 1928 pubicó El misterio de Sittaford, que produjo una gran cantidad de críticas y es la obra que a la propia Agatha le gustaba menos, ya que Poirot lanzaba hipótesis prácticamente desde cuaquier punto de vista.

En su momento de esplendor, durante la Segunda Guerra Mundial, publicó Cinco cerditos, Diez negritos, El caso de los anónimos, Un cadáver en la biblioteca y Maldad bajo el sol.

Más adelante, nuestra autora decidió usar un pseudónimo, Mary Westmacott, con el que no cosechó tanta fama, hasta que, poco a poco, fue enfocando su carrera al teatro con el gran éxito de La ratonera.

Asesinato en el Orient Express

8Es una de las obras más aclamadas de Agatha y tiene como protagonista al ingenioso Hércules Poirot en uno de sus mejores casos: un cadáver en un tren que, por circunstancias meteorológicas ha tenido que detenerse.

Esta novela se ha convertido en todo un clásico del género al reunir dos maravillosas circunstancias: un protagonista con gancho y un espacio en el que todos los personajes son sospechosos durante una situación de encierro que promete mentiras e incertidumbre a partes iguales.

Lo imposible no puede haber sucedido; por tanto, lo imposible tiene que ser posible, a pesar de las apariencias” (Asesinato en el Orient Express).

Diez negritos

7Esta es mi novela favorita de la autora. De nuevo, nos encontramos en una situación de encierro exasperante, pero en esta ocasión, forzada hasta los límites más maquiavélicos: un grupo de personas reciben una carta de invitación para pasar unos días en una pequeña isla y cuando llegan, los anfitriones no están, pero son atendidos por los sirvientes. Durante la cena, advierten que hay diez figuritas de porcelana de diez negritos y aquí aparece el detalle más macabro: una grabación acusa a cada uno de los presentes de haber cometido un crimen que quedó impune y suena una canción de amenaza, advirtiendo cómo será la muerte de cada uno de ellos. Poco a poco, los invitados van muriendo uno a uno, al tiempo que desaparece una figurilla… ¿Quién es el asesino?

Es una obra sorprendente de principio a fin y, me atrevo a decir, que una de las mejores que ha dado género policíaco. Lo tiene todo: tensión, enredo, mentiras y un final dolorosamente sorprendente.

Cuando el cuello de un hombre está en peligro, no se detiene demasiado a pensar acerca de sentimientos” (Diez negritos).

Las huellas de Agatha Christie

Como todos los grandes, Agatha ha dejado una gran marca en el panorama literario posterior. El género de la novela criminal no sería lo mismo sin su figura. Si ya hemos mencionado antes que sus obras parecían a algunos sectores de la crítica demasiado brillantes, eso obligó a subir el listón a muchos autores que la sucedieron después. No es de extrañar de esta manera que sus novelas sigan siendo leídas en la actualidad y que conserven la misma frescura que el día en que su autora las dio a luz, de la misma forma que tampoco resulta extraño saber que hay numerosísimas obras cinematográficas basadas e inspiradas en sus novelas.

Por todo ello, por su ingenio sin igual y por el cariño que sus lectores han depositado en sus personajes, podemos decir sin temor a equivocarnos que Agatha Christie aún ejerce de soberana en el reino de los amantes de la novela detectivesca.

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El Marqués de Sade, el hombre que dio nombre al sadismo

Una vida marcada por los escándalos sexuales y estancias en prisión

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(1740-1814)

Donatien Alphonse François de Sade, más conocido por su título nobiliario como Marqués de Sade, no sólo es el más conocido escritor de novela erótica de todos los tiempos (a su lado, el kamasutra es tan inocente como un libro de colorear), sino que también fue un brillante filósofo con una vida excepcionalmente interesante.

Nació en 1740, en el Palacio de los príncipes de Condé, dentro de una de las casa más antiguas de toda la Provenza. Cuando tenía cuatro años, su madre cesó su oficio como dama de compañía de la princesa para acompañar a su padre en sus viajes, por lo que el pequeño Donatien quedó al cargo de su abuela y tías paternas. Un año después lo llevaron al monasterio benedictino de Saint-Léger d’Ebreuil para que iniciara su educación bajo la atenta mirada del abad Jacques François Amblet.

Con diez años regresó a París e ingresó en un colegio jesuita muy prestigioso. A esa temprarna edad se aficionó a la lectura, prefiriendo los libros de historia, filosofía y, sobre todo, los relatos de viajes. Entre otros muchos conocimientos, aprendió música, danza, esgrima y escultura, al tiempo que mostró gran curiosidad por la pintura.

Con dieciséis años participó en la Guerra de los Siete Años con el grado de teniente, bajo las órdenes del Conde de Provenza. Más tarde lo destinaron al frente de Prusia, donde lo nombraron portaestandarte y, más tarde, capitán de la caballería de Borgoña. Por aquel entonces, el joven Donatien ya había viajado por toda Europa hasta Constantinopla.

¿Hay algo más inmoral que la guerra?”

Tras el tratado de París, que puso fin a la guerra, fue licenciado y regresó a Lacoste. Allí se casó por disposicióon de su padre con la hija mayor de los Montreuil, familia de la nueva nobleza, a pesar de que su corazón pertenecía a una jovencita de Lacoste. No obstante, su matrimonio fue fértil, ya que concibió tres hijos a pesar de los diversos escándalos.

Amar es una cosa muy diferente a disfrutar; la prueba está en que se ama todos los días sin disfrutar, y con mayor frecuencia aún se disfruta sin amar.” 

Cinco meses después de que el matrimonio Sade se trasladara a Normandía, Donatien fue arrestado (se desconocen los motivos, aunque se achacan a un escándalo sexual) y se le prohibió salir de la provincia sin autorización real.

Un año después de este primer alboroto, se instaló en París, donde tomaría diversas amantes y obtendría los favores de varias prostitutas. Su sexualidad siempre fe muy vigilada por el rey, que controlaba la vida de todos los nobles mediante el inspector Marais.

De entre sus famosas amantes, cabe destacar a la actriz Madmoiselle Collete y a Beauvoisin, una de las cortesanas más cotizadas de la alta sociedad francesa. Sus amoríos con esta última llegaron a tal punto de que la llevaba consigo a diversos eventos y llegaron a confundirla con su esposa.

Con veintisiete años, Donatien se convirtió en el Marqués de Sade a la muerte de su padre. Y si ya por entonces su vida era licenciosa, tras el fallecimiento de su padre se desató en toda su lujuria y violencia.

Un año después, en 1768, tuvo lugar el escándalo de Acueil, en el que una prostituta acusó al Marqués de habérla llevado hasta allí con engaños para después flagelarla. Donatien pasó en la cárcel siete meses y su fama como “sádico” (no olvidemos que el nombre de Sade ha dejado su huella en el vocabulario sexual) se expandió más allá de las fronteras.

Ya libre, pasó varios años en Lacoste, prosiguiendo con su afición al teatro, hasta el punto de que fundó una compañía con la que llegó a viajar ofreciendo representaciones. En Holanda consiguió que le publicaran un manuscrito.

En 1772, el “caso Marsella” lo llevó a la cárcel. Esta vez, fue condenado tras un encuentro con varias prostitutas (con las que había mantenido una orgía) de haberlas envenenado con un supuesto afrodisíaco. Las mujeres, después de un tiempo de indisposición recuperaron la salud, pero Donatien fue senenciado a muerte por sodomía y envenenamiento. Fue ejecutado en efigie, ya que consiguió escapar a Italia antes de que lo detuvieran.

El sexo es tan importante como comer o beber, y debemos satisfacer este apetito con tan pocas restricciones y falso decoro como los otros”.

 

Fue encarcelado en el castillo de Miolans, donde recibió varias visitas de su esposa, que debía disfrazarse de hombre para evitar que le prohibieran verlo, pues la suegra del Marqués se había convertido en su más enconada enemiga y su saña no se detuvo hasta que consiguió que el rey dictara una orden de prisión incondicional.

El Marqués permaneció varios años prófugo, pero regresó a París cuando supo que su madre estaba agonizando, lo que su puso su arresto definitivo, tras el que lo llevaron a la fortaleza de Vincennes.

Su esposa consiguió que se reabriera el caso de Marsella, en el que se descubrieron numerosas irregularidades. Para entonces Donatien ya llevaba encerrado un año por el influjo de su suegra y permaneció allí otros doce más, hasta que fue liberado con la revolución y la caída del Antiguo Régimen.

Durante su largo encierro en Vincennes, sus únicas visitas fueron la de su esposa, el abad que se había convertido en su preceptor durante su infancia y una amiga de la familia. La soledad hizo mella en él: comenzó a leer, a escribir y a tener accesos paranoicos en los que acusaba a su esposa de estar en complot con su suegra.

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Es en esta época cuando escribe algunas de sus grandes obras, como Cuentos, historietas y fábulas, Justine, Aline y Valcuor.

En 1784 fue trasladado a la Bastilla, donde prosiguió sus años de encierro, donde perdió gran parte de sus comodidades carcelarias.

En 1790 salió en libertad por la abolición de las cartas reales a causa de la Revolución. Para entonces ya contaba con cincuentaiún años, padecía de obesidad, de una enfermedad pulmonar y había perdido gran parte de la vista. Sus hijos, a quienes no había visto durante todo su encierro, ya eran adultos. Se sentía envejecido y totalmente hundido.

Para colmo de males, su esposa, que tanto había luchado por él, solicitó la separación, posiblemente por los tiempos tumultuosos y la necesidad de congraciarse con su madre para que la ayudara económicamente. Donatien hipotecó todos sus bienes (saqueados durante la Revolución) para hacerse cargo de los gastos.

“¿De verdad os vais a casar? Cómo os compadezco…”.

Con algo de ayuda, el Marqués consiguió introducirse de nuevo en el mundo del teatro y se fue a vivir con la actriz Constance Quesnet, en lo que supuso una relación de apoyo mutuo. Durante esta etapa escribió varias piezas teatrales que, aunque tuvieron éxito de público y crítica, se suspendieron debido a los altercados en las salas.

En 1791 publicó Justine o los infortunios de la virtud.

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Un año antes, Sade ya se había manifestado como ciudadano activo del proceso revolucionario. Colaboraba escribiendo discursos y, finalmente, fue nombrado secretario. Por ironías de la vida resultó que, mientras fue el secretario del distrito, los Monreuil (recordemos a su despiadada suegra), que lo habían mantenido encarcelado durante tantos años, sufrieron las adversidades de la suerte y se los despojó de todo. Sade se ocupó de ellos y no permitió que se los maltratara mientras estuvieron en su sección. Sin embargo, cuando cesó su cargo, los Monreuil fueron detenidos y dieron con sus huesos en prisión. ¿Justicia poética?

El Marqués fue nombrado presidente de su sección, pero un tiempo después dejó el cargo, ya agotado de la vida política.

En 1793 fue detenido en su domicilio y encarcelado de nuevo. Se desconocen los motivos de este arresto. Fue trasladado de cárcel en cárcel hasta que acabó en la de Picpus, donde veía a diario desfilar la guillotina, sedienta de nuevas cabezas. Constance, su compañera, trató por todos los medios de sacarlo de allí. Al final, con el fin de la época del Terror, Sade quedó en libertad.

Tras esto, trató de vivir del teatro y de la publicación de sus novelas, como Justine y Los crímenes del amor, entre otras, hasta que comenzó a recibir ataques por su contenido. Incluso trató de mendigar. Aline y Valcour fueron consideradas escandalosas, por lo que nadie dudó de que Justine (que había publicado bajo el anonimato) fuera también suya. Por ello, en 1801 fue detenido por última vez, cuando iba a entregar nuevos manuscritos a su editor y lo encerraron en una institución mezcla de prisión y manicomio. Se le diagnosticó para su ingreso “demencia libertina” y falleció allí.

Durante sus últimos años en aquel asilo, Sade se dedicó a la lectura y la escritura en compañía de Constance, que permaneció con él hasta su muerte en 1814.

Algunas de sus obras

Como vemos, su vida fue bastante agitada, más marcada por la política que por la violencia sexual que lo llevó a la fama.

Entre sus obras más destacadas están:

Justine o los infortunios de la virtud, que narra la vida de una joven virtuosa que sufre durante mucho tiempo. Esta obra, pareja de La historia de Juliette o el vicio ampliamente recompensado, contrasta en la dificultad de seguir los caminos del bien en comparación con los del vicio (en especial, el vicio sexual), cuyas perversiones resultan aplaudidas por una sociedad que no apoya el buen comportamiento, sino que premia al malo.

La filosofía en el tocador relata el proceso de perversión de una joven a manos de sus educadores, hasta el punto de que la conducen a matar a su madre de la forma más cruel posible.

Su obra más aclamada, los 120 días de Sodoma y Gomorra, quedó inacabada, ya que la escribió en prisión. Es el trabajo más gráfico y de Sade y narra las diferentes torturas sexuales a las que someten a un grupo de adolescentes esclavizados.

El sexo sin dolor es como la comida sin sabor”.

Un estilo macabro y sensual

Sobre el estilo del Marqués, ¿qué podemos decir? Fue un hombre seductor durante su juventud, de ahí que su prosa sea tan tentadora, que se regocije en los vericuetos de las pasiones humanas y ahonde en sus más secretos pensamientos. La sensualidad de sus escenas, gráficas y crueles, no dejan de ser una manifestación de una protesta contra una sociedad corrupta y embustera, que proclamaba la virtud al mismo tiempo que escondía sus miserias.

Para conocer la virtud, primero debemos familiarizarnos con el vicio”.

Asimismo, si tenermos en cuenta el carácter contestatario, rebelde y reflexivo de nuestro autor, no podemos ignorar que sus obras destilaban también esta libertad de pensamiento, que se reflejaba en sus escenas macabras, crueles y de un realismo salvaje.

Si es lo obsceno lo que otorga placer a la lujuria, entonces cuanta más obscenidad, más placer debe haber”.

Podemos concluir que sus escritos, al igual que su vida, están marcados por una honda reflexión sobre la esencia del ser humano, pues sin duda, el Marqués de Sade meditó mucho sobre la maldad en sus numerosas estancias carcelarias. En definitiva, tuvo una vida arrolladoramente obscena y llena de altibajos que dejó como legado unos manuscritos tan escandalosos como su mismo autor.

“La crueldad, lejos de ser un vicio, es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza”.

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Virginia Woolf, la madre de todas las batallas y discursos feministas

“Las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural”. (Una habitación propia)

La guerra contra el machismo empezó hace muchos años, aunque por desgracia aún siga vigente. Una lucha que muchas mujeres desde hace siglos han batallado y que todavía seguimos combatiendo por conseguir la, al parecer utópica, igualdad entre mujeres y hombres. Pero no voy a entrar en debates, pues los noticiarios nos avasallan con esta guerra cada día, yo solo he querido introducir como se merece a una de las primeras guerreras que se unió a este valiente escuadrón: Virginia Woolf.

(1882-1941)

Adeline Virginia Stephen, nombre de soltera de esta gran autora, nació un 25 de enero arropada por la incesante lluvia de Londres. Hija de Leslie Stephen (novelista, historiador, ensayista, biógrafo y montañero) y de Julia Prinsep Jackson (modelo). Ambos viudos y, en consecuencia, con sus respectivos hijos, se unieron en matrimonio y crearon una familia conjunta sumando cuatro hijos más, a los que ya tenían. Virginia fue la tercera hija en común del matrimonio.

Los hermanos crecieron en un ambiente frecuentado por artistas, literatos y políticos, con una biblioteca que era considerada el gran tesoro del hogar. Y aunque Virginia no asistió a la escuela, sí recibió clases magistrales de profesores particulares y de su padre. Educación e influencias literarias que sin duda calaron en la pequeña Virginia, hasta concebir a una de las más destacadas escritoras británicas.

 “Cada secreto del alma de un escritor, cada experiencia de su vida, cada atributo de su mente, se hallan ampliamente escritos en sus obras”.

Con tan solo trece años, tras la repentina muerte de su madre, Virginia padeció la primera depresión de las muchas que a lo largo de su vida la atormentarían.  Dos años después, el fallecimiento de su hermanastra agravaría su enfermedad, la cual tras la pérdida de su padre por un cáncer en 1905, y tras los supuestos abusos sexuales que padeció por parte de sus hermanastros, empeoró.

“Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo, como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria; y sus amigos podían sólo leer el título”. (El cuarto de Jacobo)

Sin embargo, y aunque la inestabilidad emocional influyó en su vida personal y social, su productividad literaria no decayó. La pluma se convirtió en su única vía de escape, en su soplo de sensatez.

 “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.

Tras las importantes pérdidas familiares, Virginia se mudó junto a tres de sus hermanos al barrio londinense de Bloomsbury, donde entre otras muchas personalidades del mundo de las letras conoció a Leonard Woolf (escritor y economista), con quien, en 1912, contrajo matrimonio.

Sin embargo, la ética de la pareja en contra de la exclusividad sexual, le permitió a Virginia iniciar un romance secreto, fuera del matrimonio, con Vita Sackville-West (escritora y jardinera), relación en que la autora se inspiró para crear Orlando (1928), novela considerada por el hijo de Vita como: «la carta de amor más larga y encantadora en la historia de la literatura».

 “Vita, deja a tu marido e iremos a Hampton Court a cenar juntas al lado del río y a pasear en el jardín a la luz de la luna. Llegaremos a casa tarde, nos beberemos una botella de vino y te diré todas las cosas que tengo en mi cabeza, millones, miríadas. No se agitarán durante el día, sólo en la oscuridad, junto al río. Piénsalo. Deja a tu marido, te digo, y ven”.

(Pasaje  de una carta dirigida a Vita Sackville-West)

Pero, a pesar de su indudable fortaleza, Virginia, la defensora nata del poder de la mujer, precursora de la técnica narrativa del monologo interior y madre de ocho grandes obras de la literatura clásica, no fue capaz de controlar su frágil salud emocional y un 28 de marzo de 1941, agotada, se dio por vencida. Llenó su abrigo de piedras, caminó hasta el río Ouse, cercano a su casa, y se dejó llevar por las aguas.

En su última nota a su marido escribió:

“Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo —todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo.”

Con respecto a su trabajo como escritora me gustaría remarcar sobre todo su contribución con la creación de una de las técnicas narrativas más intimistas, como es el “monologo interior” o “flujo de conciencia”. Técnica que acentúa las experiencias y los pensamientos internos que se suceden dentro de la mente de sus personajes. Fue, precisamente, su necesidad de libertad, carente para las mujeres de la época, quien impulsó este estilo personal y experimental de la autora.

A continuación, os dejo un pequeño aperitivo de sus obras más famosas para que vayáis abriendo boca, las cuales, junto con una treintena de libros de otros géneros, llevaron a esta gran autora a revolucionar la narrativa en el siglo XX y convertirse en una de las figuras más relevantes del feminismo internacional.

La Señora Dalloway (1925)

Esta historia, repleta de túneles temporales y de los flujos de conciencia, cuenta las vivencias de una serie de personajes a lo largo de un día de junio en el Londres de entre guerras.

“Mrs. Dalloway se ha ramificado en un libro; y presagio aquí que será un estudio de la lucidez y de la locura y el suicidio; el mundo visto por los sanos y por los enfermos, unos al lado de los otros… algo así”.

Extracto de diario de la autora.

Al faro (1927)

Con esta obra, basada en su infancia, Woolf vuelve a poner en entredicho la institución familiar victoriana y su discurso patriarcal.

“Va a ser bastante corta; voy a tratar de construir la personalidad de mi padre lo más rotunda posible; y también la de mi madre; y St. Yves; y la infancia; y también todas esas cosas normales que habitualmente trato de meter – la vida, la muerte, etc. Pero el punto central es la personalidad de mi padre, en la barca, recitando”.

 Extracto de diario de la autora.

Orlando: Una biografía (1928)

Obra basada en la vida de su amante, Vita Sackville-West, en la cual se tratan temas como la homosexualidad y la sexualidad femenina.

Las olas (1931)

Una historia en la que la autora plasma sus propias inseguridades y debilidades en el personaje de la tímida, retraída y acomplejada Rhoda. Esta obra se desarrolla mediante el continuo hilvanado de monólogos interiores de sus seis protagonistas.

Una habitación propia (1929)

Ensayo de carácter feminista sobre la situación de la mujer y sobro todo de las mujeres que desean dedicarse a la escritura, en el que Woolf incluye su famosa frase:

“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”.

Deseo que hayáis disfrutado leyendo mi humilde entrada sobre la vida y obra de esta gran maestra de la literatura, tanto como yo escribiéndola.

“La vida es sueño; el despertar es lo que nos mata”.

 

 

Stephen King, el rey del terror

Hoy, en Maestros del Género, tenemos el placer de presentarles a uno de los grandes del terror, un hombre que nos ha quitado horas de sueño poblando nuestras pesadillas con los seres más infernales producidos por la mente humana… ¡Hoy, con todos ustedes hablaremos de (¡redoble de tambores!) Stephen King!

¿Quién es Stephen King?

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(1947- )

Nació en Portland, EE. UU. Se crió con su madre y su hermano, pues cuando tenía sólo dos años, su padre decidió abandonarlos y su madre se encargó de todo.

Por si eso no fuera ya suficiente desgracia, siendo niño presenció el atropello de uno de sus amigos cuando jugaban en las vías del tren.

Con gusto por las novelas y el cine de terror, comenzó a escribir desde pequeño, vendiendo sus primeras historietas en el colegio, como él mismo revela en Mientras escribo, una obra mezcla de biografía y manual de consejo para escritores.

«Me eduqué en el amor a la noche y los ataúdes que no se quedan quietos». Mientras escribo.

Con muchos esfuerzos económicos, asistió a la universidad en Maine, donde conoció a la que sería su esposa, Tabitha King, otra excelente escritora.

Después de trabajar en diversos puestos y recibir muchos rechazos editoriales, el joven Stephen escribió su primer éxito editorial, Carrie, que enseguida fue adaptada al cine.

«Se burlaron de Carrie por última vez». Carrie.

Este primer éxito se lo debemos a su inteligente esposa, Tabitha, que descubrió en la papelera el manuscrito de la novela a medio terminar y que Stephen, en un bajón de ánimo había tirado. Tras leerlo, le insistió en que lo terminara, ya que lo consideraba bueno y poco tiempo después llegó el boom y su vida se convirtió en un éxito tras otro. No es de extrañar, pues, que Tabitha se convirtiera en su lectora beta predilecta y sea siempre la primera en leer sus obras.

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Enumerar todas sus obras sería una auténtica locura, habida cuenta de lo prolífico que es, pero sí podemos decir que entre sus obras más aclamadas están Cementerio de animales, El misterio de Salem’s Lot, Cujo, Misery, It o el mítico El resplandor, todas ellas con su correspondiente versión cinematográfica.

Pero, lamentablemente, cuanto más subimos, peor es la caída. Y como le ha pasado a muchos de los grandes, Stephen tuvo la suya: entre 1970 y 1980, Stephen tuvo problemas de adicción con el alcohol y las drogas, de los que posteriormente se recuperaría con una gran fuerza de voluntad. No todas las personas que padecen estos problemas son capaces de hacerles frente, pero cuando Stephen vio su problema por sí mismo (una vez tiró la bolsa de la basura llena de latas de cerveza tras estar solo en casa durante todo el día y se sorprendió a sí mismo al ver tantas) quiso ponerle remedio y lo consiguió. Es posible que esto le afectara de forma inconsciente al escribir algunas de sus mejores obras, como El resplandor, que tiene como protagonista a un niño con un padre alcohólico o Doctor sueño, escrita muchos años después, cuando ya estaba recuperado y que trata sobre el pequeño protagonista de El resplandor, que crece cayendo también en el alcoholismo y le hace frente hasta superarlo. Durante este período, Stephen escribió varias novelas de las que ni siquiera se acuerda debido a su estado, como él mismo ha llegado a confesar.

«La mente era una pizarra. El alcohol era el borrador». Doctor Sueño.

Años después de haber superado este problema, Stephen sufrió un atropello cuando regresaba a casa tras un paseo en el verano de 1999. Después de cinco operaciones en diez días, estuvo un tiempo sin poder escribir y, cuando pudo volver a sentarse sólo podía hacerlo a ratos a causa del dolor. Por fortuna, también superó este obstáculo y con tiempo y mucha rehabilitación mejoró.

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En los últimos años, Stephen ha recibido varios premios y ha sido vanagloriado por unos sectores de la crítica y vapuleado por otros. En cualquier caso, desde su accidente, este dinosaurio de las letras comenzó a tomarse la escritura con más calma y a escribir a un ritmo algo más lento. Incluso ha colaborado con su hijo, Owen King, en la novela Bellas durmientes. De lo que no hay duda es de que Stephen es un hombre de familia y letras, un tipo sencillo, como demuestra en todas sus entrevistas, con un estilo inconfundible en cada una de sus obras y al que le importan un pimiento lo que la crítica opine de sus obras, no en vano, él mismo afirma:

«Soy el equivalente literario de un Big Mac y patatas fritas».

Stephen y el terror

Como ya sabemos todos, Stephen King es uno de los autores más leídos e influyentes en el género de terror. Sus historias suelen partir, como él mismo cuenta en Mientras escribo, de una situación cotidiana (por ejemplo: una entrevista de trabajo en El resplandor, una mudanza en Cementerio de animales o un accidente de tráfico en Un saco de huesos) para, así, lograr que el lector enseguida empatice con su protagonista. No olvidemos que Stephen es un escritor de brújula, como suele decirse, es todo un aventurero y no suele planificar cómo irá la novela, sino que se deja guiar por esa situación inicial para ir escarbando en los recovecos de su personaje y, una vez que consiga encariñarse con él, al igual que sus lectores, comenzar a hacerlo sufrir.

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Su estilo de narración es ameno, sencillo, sin florituras innecesarias y, sobre todo, sincero. Puede que a veces te encuentres con que la novela comienza con un montón de páginas en las que hay una acción nula hasta que comienzan a salir los fantasmas, pero incluso esas páginas resultan fáciles de leer por ese estilo suyo tan inconfundible que hace que los diálogos fluyan y te hagan sentir que conoces a los personajes de toda la vida.

Si hay algo que se destila de sus obras es la crítica a la hipocresía social. Sus personajes secundarios, en muchas ocasiones, esconden algo. A veces pueden ir disfrazados de buenos samaritanos a pesar de que en sus corazones guarden algún secreto negro o, simplemente, sean del tipo de persona que gusten de aparentar, como pasa, por ejemplo, con los vecinos en Un saco de huesos, que ocultan al protagonista el misterio del lago junto al que vive, o la dueña del hostal en El misterio de Salems’s Lot, que mantiene la apariencia de viuda intachable a pesar de tener un amante.

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No podemos olvidar, tampoco que ese estilo reposado del comienzo de todas sus obras es heredado de Lovecraft, de quien Stephen se proclama admirador, pues Lovecraft también jugaba mucho con eso, con la lentitud de los comienzos hasta que hacia la mitad del relato todo se convertía en una vorágine de acciones.

Pero, sin duda, lo que define a Stephen como uno de los mejores escritores de terror, desde mi punto de vista, es su forma de conseguir que las cosas más cotidianas inspiren pavor. Con It consiguió que todos temiéramos las alcantarillas e, incluso, de los sumideros del aseo por si acaso aparecía un payaso asesino (¡imposible olvidar la escena en que la pequeña Beverly Marsh ve brotar sangre del lavabo!), con El resplandor consiguió hacernos recelar de los hoteles (¡sobre todo de los que tengan un jardín de setos con forma de animales!) y con Un saco de huesos nos hizo estremecer con los imanes del frigorífico. Y así mil ejemplos más. Creo que es en esos detalles donde reside su grandeza como autor de terror; en su forma de plantear el miedo incluso en los detalles más nimios.

¿Hablamos de su mejor obra?

Me resulta muy difícil escoger una. Todas las que he mencionado hasta ahora las he leído y me cuesta decidir. Pero hoy me decanto un poco más por It, tal vez porque la primera vez que la leí fue a ratos en un rincón oscuro y solitario, situado justo al lado de unos aseos públicos que estaban averiados, y de vez en cuando sonaba un goteo escalofriante desde una cisterna que me ponía los pelos de punta conforme leía. Cada vez que oía ese sonido, me venía a la cabeza la frase con la que el payaso Penywise trataba de atraer a sus víctimas:

«Todos flotan». It.

Por si acaso alguien no conoce el libro ni ninguna de las dos versiones cinematográficas, explicaré brevemente el argumento:

En una ciudad de Maine comienzan a parecer niños asesinados de una forma brutal, con los cadáveres desmembrados. Una de las víctimas es el hermanito pequeño de Bill el Tartaja, un niño que junto con sus amigos forma el «Club de los perdedores» y decide matar al asesino, con quien todos, de manera individual, han tenido un encontronazo del que han logrado salir indemnes. El asesino no es otro que un payaso multiforme, capaz de transformarse a su antojo en los peores temores de sus víctimas. Una vez que logran encontrar su guarida lo combaten, pero, ¿cómo matar a un ser tan extraordinario? Los niños no saben si lo han conseguido o no, por lo que realizan un solemne juramento para volver si en el plazo de treinta años se repiten los crímenes.

«El hogar es ese sitio donde, cuando tenemos que volver, están obligados a recibirnos». It.

Esta obra, llena de terror y sobresaltos, pero también de momentos tiernos y dulces, me transportó a mi propia infancia, donde lo más importante eran las bicicletas, las golosinas y, sobre todo, la imaginación. Stephen consigue con esta obra hacer lo que muy pocos autores consiguen: crear héroes creíbles y llenos de fortaleza a pesar de ser niños. Todos y cada uno de los miembros del «Club de los perdedores» es duro de pelar a su manera, no en vano consiguen hacer frente al payaso asesino con ingenio, inteligencia, coraje y, sobre todo, con una perseverancia y fuerza de voluntad increíbles.

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Esa importancia de la infancia como un estado de fuerza, imaginación, amistad y valentía se hace aún más patente durante los pasajes de los protagonistas como adultos, donde tienen la gran carencia de haber crecido y no creer ya en las mismas cosas a causa del desengaño en que nos sume la vida y la sociedad con el paso de los años. Pronto descubren que deberán recuperar esa parte infantil de su ser que han perdido para poder hacer frente al payaso Penywise.

«Tal vez no existen los buenos y los malos amigos; tal vez sólo hay amigos, gente que nos apoya cuando sufrimos y que nos ayuda a no sentirnos tan solos. Tal vez siempre vale la pena sentir miedo por ellos, y esperanzas, y vivir por ellos ». It.

Podría seguir escribiendo un párrafo tras otro sobre esta novela y las otra muchas de Stephen King (creo que ya se ha notado lo mucho que adoro a este autor), pero creo que este artículo ya es bastante largo y no lo quiero extender más. Por ello, sólo me resta por deciros que, si lo habéis leído ya, seguro que coincidiréis conmigo en que escribe genial y, si aún no lo habéis hecho, espero, al menos, haber picado un poco vuestra curiosidad.

¡Nos vemos más adelante con otra entrada en la sección de Maestros del Género!

4-Stephen King

Mary Shelley, la madre del monstruo más humano de la literatura

“No creo que se pueda detener lo que uno configura en su vida, y mucho menos cuando está predestinado a ello.” (Frankenstein)

La razón por la que hoy voy a hablaros de esta autora, considerada como la precursora de la ciencia ficción por su conocida obra Frankenstein, tiene algo que ver con esta cita con la que he decidido abrir la sección. Es decir, hoy si hubiese seguido el guión que Noemí y yo establecimos os estaría presentando a otro maestro de su género. Pero como todos ya habréis experimentado la lectura nos cambia, nos hace pensar, sentir y plantearnos ciertas cuestiones, las cuales sentimos la necesidad  resolver. Así fue cómo mientras leía Frankenstein, entré en una atmósfera tétrica y morbosa que me llevó a querer investigar sobre el tipo de mente que la creó.

Pues bien, ¿por dónde empezar? Si nos adentramos en la mente de su célebre escritora, y la observamos desde su infancia hasta su muerte comprenderemos qué fue lo que la llevó a escribir este clásico de la literatura de la ciencia ficción.

Empecemos…

Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851)

Nos remontamos  al 30 de agosto de 1797 en la ciudad de Londres. Lugar donde nació Mary Godwin, primera hija del filósofo político William Godwin y segunda de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft.

Viniendo de una familia tan erudita cabría imaginar que tuviese todas las posibilidades de formar parte de esa pequeña aristocracia denominada de alta cuna. Sin embargo, Mary más que con estrella nació estrellada. A los 11 días de su nacimiento su madre falleció dejando huérfanas tanto a su hermanastra mayor, Fanny Imlay, como a ella. La vida no empezó para la pequeña Mary con buen pie.

“Estamos ligados por vínculos tenues a la prosperidad o a la ruina”.

Más adelante, Godwin viéndose incapaz de criar solo a sus dos hijas, se casó con Mary Jane Clairmont, una mujer que ya tenía dos hijos: Charles y Claire.

Desde su ventana la pequeña Mary tenía unas lóbregas vistas. Nada más asomarse podía ver las tumbas y muertos que, en aquella época, los ladrones de tumbas exhumaban para proveer material de investigación a los médicos. Una situación muy similar a la que el joven Víctor Franskentein vivió en su vida literaria, y gracias a la cual se favoreció de pedazos de cadáveres para cumplir ese sueño que más adelante se convertiría en su mayor pesadilla.

Según he descubierto en mi afanada búsqueda de información, su lugar favorito de niña era el cementerio de St. Pancras, donde se hallaba enterrada su madre. Lugar en el que pasaba las horas y donde aprendió a leer, es decir su cuna literaria. Se podría entender que para una niña tan pequeña el hecho de crecer en un lugar tan lúgubre le marcase para toda su vida, pero la verdad es que esta no fue la única experiencia con la muerte que padeció Mary.

Pero a pesar de toda esta niebla de horror que abrigaba con heladores trajes a la pequeña, Mary fue instruida del mismo moda que en aquella época lo hacían los niños. Tuvo tutor, institutriz y se leía todos los libros que su padre le proporcionaba. Sin embargo, la relación paterno-filial fue complicada. Pues al parecer era un padre autoritario, con unos ideales políticos muy firmes y contrarios a los de su hija. Su padre la describió a los 15 años como:

“Una chica singularmente valiente, un tanto imperiosa y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible.”

Un día mientras Mary disfrutaba de la soledad que el cementerio le ofrecía, conoció a Percy Bysshe Shelley, un poeta romántico y filósofo, fiel seguidor político de su padre. El joven de 22 años, que a sus espaldas ya arrastraba un matrimonio con Harriet Shelley, y Mary, de 17 años, se enamoraron en aquel siniestro para unos y santo para otros, lugar y se marcharon secretamente, huyendo de la firme oposición  de su padre con respecto a dicha relación sentimental, acompañados de la hermanastra de Mary, Claire Clairmont.

De alma nómada ambos, acompañados por la joven Claire, no se quedaban mucho tiempo en un mismo lugar. Viajaron a Francia, Suiza, Alemania y Holanda, pero, al cabo de un tiempo, la falta de dinero les obligó a regresar a Londres. Durante su viaje escribieron un diario que más adelante Mary publicaría con el título: Historia de una excursión de seis semanas.

A lo largo de dicho viaje, mientras disfrutaban del suave balanceo de las aguas que sostenían el barco, Mary quedó embarazada. Pero el destino, intervino antes siquiera de que nuestra joven autora saborease la sensación de ser madre. Y su sueño se vio truncado cuando la pequeña, nacida prematura, murió al poco de nacer.

“(…) Por el momento ya he dejado de ser madre.”

Tras esta terrible perdida Mary cayó en una profunda depresión. De la cual tan solo consiguió salir al saberse de nuevo embarazada. Percy y ella se casaron a finales de 1816.

Fue justo en el verano de este mismo año, cuando mientras la pareja se hallaba de vacaciones en Suiza con unos amigos, nació el germen de Frankenstein, gracias a un juego de relatos de terror que los amigos decidieron hacer para pasar el rato. Más adelante gracias a un sueño de Mary dicho germen evolucionó hasta convertirse en la novela que hoy conocemos.

“Vi, con los ojos cerrados pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural. Debía ser terrible; dado que sería inmensamente espantoso el efecto de cualquier esfuerzo humano para simular el extraordinario mecanismo del Creador del mundo.”

Pero cuando las aguas parecían haberse calmado la muerte volvió a llamar a la puerta de Mary.  La exmujer de su ahora marido, Harriet Shelley, se suicidó y ese segundo hijo que con tanto amor esperaba, falleció. La suerte tampoco acompañó al tercero. Y cuando de nuevo, tras una ráfaga de constantes depresiones, volvió a quedarse embarazada de su cuarto hijo, su marido murió ahogado en un barco.

“Me equivoqué en una sola cosa: todas las desgracias que imaginaba y temía no llegaban ni a la centésima parte de la angustia que el destino me tenía reservada.” (Frankenstein)

Ella y su hijo se vieron solos, y la escritora como única forma de acallar su dolor se centró en su carrera literaria y en la educación de su único hijo, Percy Florence Shelley.

“Nada contribuye tanto a tranquilizar la mente como el poseer un propósito en el que el alma pueda fijar sus ansias.” (Frankenstein)

A partir de entonces los problemas económicos y de salud se convirtieron en el pan de cada día para madre e hijo que permanecieron juntos hasta la muerte de la escritora, un 1 de febrero de 1851, con 53 años de edad.

“Creo que puedo mantenerme a mí misma, y hay algo inspirador en la idea”, dijo Shelley.

Una vida como habréis podido ver agitada, que solo la muerte consiguió calmar y unir, pues los investigadores encontraron restos de cabellos de todos sus hijos fallecidos y el corazón de su marido envuelto en una poesía de este: “Adonais”, enterrados junto a ella, en su tumba.

“Su vida se extinguió dulcemente, sin que la muerte pudiera borrar de su rostro la expresión del amor que sentía por todos nosotros.” (Frankenstein)

 

Su novela más conocida fue Frankenstein, publicada en 1818, cuando Mary tan solo tenía 19 años. Se considera todo un clásico dentro del género de la novela gótica y el primer texto de ciencia ficción de la literatura. En ella se tratan temas como la moral científica y la creación y destrucción de la vida.

Quizás muchos de vosotros, debido a las películas y obras de teatro que se han realizado, hayáis confundido al monstruo con su creador: Víctor Frankenstein, un joven, ambicioso y amante de la ciencia, cuya obsesión por invertir el proceso de la vida a la muerte, lo llevó a cometer el mayor error de su vida. Un moderno Prometeo, subtitulo con el que han sido editadas algunas ediciones de Franskenstein, con una aspiración contrapuesta a la armonía de la creación, que desequilibraba la vida, por la cual fue castigado y condenado a padecer un sufrimiento atroz hasta su muerte.

“La invención, hay que admitirlo humildemente, no consiste en crear del vacío. En primer lugar hay que contar con los materiales; puede darse forma a oscuras sustancias amorfas, pero no se puede dar el ser a la sustancia misma”. (Inicio de Frankenstein)

Si analizamos con profundidad el personaje, padre del monstruo, Víctor observamos ciertas similitudes con el mito de Narciso, cuyo triunfo no le permitió ver las consecuencias de sus acciones achacándoselas al destino. Un padre que fracasó en su crianza, y que quizás por el hecho de ser un personaje masculino, dado las inclinaciones feministas de Mary Shelley, no supo ofrecerle más que odio y violencia a su creación.

Entonces, ¿cómo se llama el monstruo? Carece de nombre, en la obra original y en sus adaptaciones, se le conoce como: bestia, criatura, engendro o monstruo. Pero podríamos pensar que con la falta de nombre, el propósito de su autora era darle mayor aire de desamparo, orfandad y rechazo.

La ideología feminista de Shelley también se ve reflejada en sus obras pues en la mayoría de casos describe a sus protagonistas masculinos como compulsivos y sedientos de sangre ofreciendo un mayor contraste a la razón y sensibilidad que representa la figura femenina.

“No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”.

Con respecto a este tema también vemos, que la mayoría de figuras femeninas que aparecen en la novela, mueren. No consiguen, por así decirlo, vencer a la violencia, al mal. De hecho la única novela donde triunfa la heroína es la última que publicó Shelley: Falkner. Quizás fruto de la fuerza que por aquel entonces empezaba a tomar el papel de la mujer.

En cuanto al estilo, observamos que Frankenstein exhibe varios recursos literarios similares a los de la novela de William Godwin, su padre, cuya forma para explorar las relaciones contradictorias entre el individuo y la sociedad es similar a la de Rosseau.

A parte de esta conocida obra y de la ya mencionada “Historia de una excursión de seis semanas”, la autora publicó:

Valperga

Novela histórica sobre la política y el amor, publicada en 1823.

 

El último hombre

Novela apocalíptica de ciencia ficción publicada en 1826.

 

La suerte de Perkin Warbeck

Novela histórica basada en Ricardo de Shrewsbury, publicada en 1830.

 

Lodore

Novela cuyos personajes femeninos son los protagonistas, publicada en 1835.

 

Mathilda

Novela que debido a los temas que trata, incesto y suicidio, no pudo ser publicada hasta 1959.

 

Falkner

Última obra de la autora y única novela cuya heroína sale triunfante.

 

Después de este extenso recorrido por la vida y obras de esta desdichada escritora, espero haber podido saciar esa curiosidad que imagino que tuvieron todos los lectores de Frankentein con respeto a su autora.

Por último, aclarar que Frankenstein no es una obra autobiográfica, pero es cierto que de esta podemos extraer, como ya he demostrado, muchos pasajes que guardan una estrecha relación con los sentimientos que durante su escritura atormentaban a su autora.

Tolkien, creador de la Tierra Media

Una vida llena de aventuras

1John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973), más conocido como J. R. R. Tolkien, fue un escritor, poeta, filólogo, lingüista y profesor universitario británico al que conocemos, sobre todo, por su labor literaria en el género de la fantasía con su obra cumbre El señor de los anillos, llevada a la gran pantalla por Peter Jackson, al igual que otra de sus obras, El hobbit.

Tolkien tuvo una vida de lo más interesante que, sin duda, influyó a lo largo de toda su obra:

Nació en Bloemfontein, capital del Estado Libre de Orange el 3 de enero de 1892, si bien a la edad de tres años se trasladó con su madre y hermano a Inglaterra. La repentina muerte de su padre dejó a la familia sin recursos, por lo que su madre decidió llevar a sus hijos con su familia a Birmingham, donde el pequeño Tolkien creció jugando entre los árboles de un bosque cercano, así como en las colinas de Clent y Lickey, que, con toda probabilidad, lo inspiraron para crear el hogar de los elfos y la comarca, respectivamente.

Su madre se encargó de darle una educación apropiada y pronto apreció la habilidad de su pequeño con los idiomas, en especial, con el latín.

Por desgracia, cuando el joven Tolkien contaba con doce años, su madre falleció, dejándolo huérfano del todo, cuestión que sin duda le afectó hasta el punto de que algunos de sus héroes más famosos, como Frodo Bolsón, también quedan huérfanos a una edad temprana.

Con dieciséis años, conoció en el orfanato a Edith Mary Bratty y se enamoraron. Este amor pronto se convirtió en una prohibición que inspiraría uno de los amoríos más emblemáticos de la literatura fantástica: el de la princesa elfa Arwen y el mortal Aragorn, espejismo a su vez de los amoríos de la elfa Lúthien y el mortal Beren. Le negaron verla hasta que cumpliera los veintiún años.

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Durante todo el tiempo que estuvieron forzosamente separados Tolkien se encargó de viajar y aprender, viviendo sus propias aventuras literarias: en 1911 fundó con tres amigos una sociedad semisecreta que lo animó a escribir poesía, afición que lo acompañaría de por vida y en un viaje a Suiza se inspiró para ambientar el viaje de Bilbo Bolsón a través de las Montañas Nubladas.

Al cumplir los veintiún años, cesó la prohibición de su relación amorosa con Edith, la joven del orfanato, y Tolkien le escribió una carta declarándole su amor. Después de tantos años sin saber nada de él, Edith ya estaba comprometida con otro, pero la llama no se había apagado y devolvió de inmediato su anillo de compromiso para renovar su amor de infancia y comprometerse con Tolkien, por lo que a los pocos años se casaron.

Después de graduarse en Lengua Inglesa, Tolkien se unió al Ejército Británico durante la Primera Guerra Mundial y sirvió como oficial de telecomunicaciones hasta que enfermó por la “fiebre de las trincheras” y fue trasladado a Inglaterra. Durante su convalecencia comenzó a crear su archiconocida Tierra Media con cuentos como La caída de Gondolin. Recuperado de su enfermedad fue ascendido al rango de teniente.

Cuando se reincorporó a la vida civil trabajó como lexicógrafo asistente en la redacción de la primera edición del Oxford English Dictionary, como buen amante de las letras. No podemos olvidar que creó la lengua de los elfos con una gramática muy completa, así como su vocabulario y las grafías de su alfabeto. Este trabajo titánico no podría haberlo realizado sin unas bases lingüísticas tan sólidas como las suyas. Más adelante, fue profesor de lengua inglesa en la Universidad de Leeds, lo que no hizo sino reforzar su capacidad para el uso y manejo de la lengua.

En 1925, Tolkien regresó a Oxford como profesor de anglosajón y escribió El hobbit para entretener a sus hijo. Su amigo C. S. Lewis lo convenció para publicarlo y, curiosamente, la obra consiguió atraer también a lectores adultos, de ahí que más adelante publicara El Señor de los Anillos, que sería su obra cumbre.

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Acercándose ya a la vejez, nuestro autor recibió títulos honoríficos en las principales universidades, como Marquette y Harvard. Por esa época fue nombrado doctor honoris causa por varias universidades, así como vicepreseidente de la Philological Society y miembro de la Royal Society of Literature. Entre otros honores, se fundaron en su nombre la Mythopeic Society norteamericana y la Tolkien Society británica, así como otras sociedades similares en varios países.

En 1971 murió su esposa Edith y poco tiempo después la siguió él, en 1973. Lo enterraron junto a ella y grabaron en sus lápidas los nombres de Beren y Lúthien, pues, al fin y al cabo, Tolkien se había inspirado en su propia experiencia de amor para crear los más bellos pasajes de la historia de la Tierra Media. No podemos obviar que el primer encuentro de Beren y Lúthien está inspirado diractamente en un día en que, de paseo con su esposa por un bosquecillo a su regreso de la guerra, Tolkien quedó embelesado al verla bailar entre los árboles:

Se dice en la Balada de Leithian que Beren llegó tambaleándose a Doriath, con la cabeza cana y como agobiado por muchos años de pesadumbre, tanto había sido el tormento del camino. Pero errando en el verano por los bosques de Neldoreth, se encontró con Lúthien, hija de Thingol y de Melian, a la hora del atardecer, al elevarse la Luna, mientras ella bailaba sobre las hierbas inmmarcesibles del claro umbroso junto al Esgalduin. Entonces todo recuerdo de su pasado dolor lo abandonó, y cayó en un encantamiento; porque Lúthien era la más hermosa de todos los Hijos de Ilúvatar”.

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Un género lleno de magia

Ahora que ya conocemos la vida de este grande de la fantasía, vamos a afinar más en su género literario. El género en el que se desenvuelve nuestro autor es la fantasía en su rama épica, puesto que en sus obras narra las hazañas de unos protagonistas que deben enfrentarse a peligros que superan a la media del ser humano. No podemos olvidar que los antagonistas como Sauron o Melkor/Morgoth son entes semidivinos. Por ello, sus protagonistas tienen la caracterísitica principal de ser perseverantes, de no rendirse ante la adversidad, y llevar sus fuerzas y su corazón al extremo cuando se trata de luchar por las causas más nobles.

Como todo género épico, en su obra se desarrollan los personajes fantásticos, como los elfos (de hecho, la versión de elfos como seres inmortales y de gran belleza que tenemos hoy en día la hemos adoptado de él), orcos, hobbits, enanos, hombres mortales… Todos estos personajes tienen el toque inconfundible de Tolkien, que fue capaz de crear un mundo en el que convivían todas estas razas, a veces con más armonía y otras con menos.

Como en todos los libros de fantasía épica que se precien, en la literatura de Tolkien hay viajes que no sólo suponen desplazamientos de lugar de un sitio a otro, sino que ayudan a la evolución de los personajes, a darles profundidad y a llenarlos de conocimiento. Sus libros son viajes propiamente dichos, ya que lo que importa no es el destino, sino el trayecto.

Tolkien fue uno de esos autores que engrandecieron el panorama de la fantasía en la literatura, que hasta entonces se había asociada exclusivamente a la infancia, un estigma que aún a día de hoy persiste, si bien es cierto que la obra de este autor consiguió que el público adulto comenzara a considerar con seriedad este subgénero y esta mácula ha perdido buena parte de su fuerza:

Creo que lo que llaman cuentos de hadas es una de las formas más grandes que ha dado la literatura, asociada erróneamente con la niñez”.

Esta concepción de la fantasía como algo fácil para entretener a los niños es errónea. De hecho, desde mi punto de vista, la literatura fantástica necesita un plus de imaginación sobre el resto de géneros, ya que para crear un mundo, en especial, uno tan completo y complejo como el de Tolkien, con sus leyendas, su trasfondo histórico, sus lenguas, su fauna, su vegetación y sus seres pensantes es necesario dedicarle aún más tiempo, toda una vida como hizo nuestro autor de hoy, porque todo lo que se crea surge de la nada. En palabras de Tolkien:

El país de las hadas contiene muchas cosas, aparte de los elfos y los trasgos, y aparte de los enanos, las brujas, los trolls, los gigantes o los dragones: contienen los mares, el sol, la luna, el cielo y la tierra y todas las cosas que en ella se encuentran: árboles y pájaros, agua y piedra, vino y pan, y nosotros mismos, hombres mortales”.

Después de un trabajo tan arduo como el suyo, me parece una pena que desestimaran darle el Nobel por considerar que su prosa era pobre. Pero, desde luego, lo que nadie le podrá quitar será su sentido del humor, porque pocos son capaces de soportar las críticas como él:

“No me quejo si alguien que ha leído el libro lo encuentra aburrido, absurdo o despreciable, ya que yo tengo una opinión similar sobre sus comentarios”.

El Señor de los Anillos, una obra inmortal

Entre una obra tan extensa y magna como la suya (incluimos obras publicadas post mortem por su hijo Cristopher, como El Silmarillion, Los hijos de Húrin y la recientemente publicada Beren y Lúthien) es difícil escoger una para comentarla más a fondo, pero me quedo con El Señor de los Anillos:

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Esta obra narra las aventuras del hobbit Frodo Bolsón y sus compañeros para destruir el Anillo Único de poder y, de esa forma, derrotar al malvado Sauron, que amenazaba con conquistar el mundo y sumirlo en las tinieblas. No explico más del argumento porque imagino que todos más o menos lo conocemos por el boom que tuvieron las películas de Peter Jackson hace unos años.

¿Por qué elijo esta obra y no las demás? Porque es una obra que Tolkien terminó y publicó en su día, cuando aún vivía y porque es, desde mi punto de vista, la más completa, ya que El hobbit no deja de ser un esbozo de un mundo que todavía no había desarrollado a la perfección y El Silmarillion es una obra recopilatoria de la Historia de la Tierra Media y sus leyendas, más que una novela en sí misma.

En el Señor de los Anillos encontramos a grandes personajes que acompañarán, como prototipos, a todos los escritores que sucederán a Tolkien en la literatura de fantasía:

Tenemos al sabio mago Gandalf, que era capaz de hacer reflexionar a cualquiera con su sabiduría, prototipo de mentor:

“Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes darles la vida? Entonces no te apresures a la hora de dispensar muerte o juicio”.

Nos aportó también la figura del paladín entregado a la causa de luchar contra el Mal en el personaje de Aragorn:

“El amanecer es siempre una esperanza para el hombre”.

Con Frodo, aprendimos que soportar la carga del anillo, de ser el responsable del destino de todo un mundo, resulta doloroso y, no obstante, un sacrificio necesario para alcanzar un feliz desenlace:

“Yo llevaré el Anillo, aunque no sé cómo”.

Y con el leal Sam, prototipo del amigo y apoyo inquebrantable, descubrimos que cualquiera, por pequeño que sea, puede ser el más grande de los héroes:

Llegaré aunque deje todo menos los huesos por el camino. Y llevaré al señor Frodo a cuestas, aunque me rompa el lomo y el corazón”.

Me gustaría seguir escribiendo más sobre esta maravillosa obra, pero mucho me temo que esta entrada ya va quedando un tanto larga, así que concluiré con la última frase de esta hermosa historia de aventuras, superación y luchas entre el Bien y el Mal, justo en el momento en que Sam, entristecido por la partida de Frodo, su señor y amigo, regresa a su hogar con su familia y se sienta con su hijita sobre las rodillas, después de haber vivido tantas cosas:

Sam respiró profundamente. ⸺Bueno, estoy de vuelta ⸺dijo”

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2-Tolkien